Frecuentemente encontramos perros que parecen no oler la caza; jornada tras jornada llegamos a la conclusión de que ese animal tiene poca nariz, que no sirve para la caza, que no llegará nunca a un nivel al menos aceptable a la hora de localizar la caza.
Y es que salvo los perros que destacan ya desde muy pequeños, lo normal es que cada animal tenga su ritmo y su evolución a la hora de despertar su nariz a la caza, pudiendo hacer grandes perros cazadores con jóvenes que prometen y con los que pasamos muchas horas en el campo, pues la educación de la nariz para la caza es algo complicado y con muchas opciones de no llegar a buen término si no estamos muy encima de nuestro perro.
Muchos son los ejemplares que por estas fechas están cambiando de manos precisamente porque no se les ve resolución en el campo, los tenemos por perros sin nariz, que no saben cazar, que no nos sirven, si bien siempre deberíamos pararnos un momento y reflexionar al respecto, sobre todo a la hora de valorar si le hemos dedicado a nuestro perro el tiempo suficiente para que llegue a despertar su nariz, a educarla convenientemente y a dar los primeros resultados positivos para la percha.
Calidad ascendente
No dedicarles tiempo a nuestros perros nos lleva automáticamente y en muy pocos meses a un desengaño seguro, aquél que cada media veda nos sobrevuela cuando vamos avanzando por el arroyo o la lindera, por la orilla de los girasoles, y vamos comprobando cómo por donde hemos pasado sin levantar una codorniz, el cazador que viene a trescientos metros por detrás va tirando periódicamente. ¿Su perro es un fuera de serie y el nuestro una nulidad? En esa situación todos pensamos rápido que el nuestro no vale ni para regalarlo, cuando la realidad es que seguramente ese perro no da con las referencias que el olor de una pequeña codorniz emite dentro de las brozas del suelo porque no está trabajando bien con su nariz. Puede incluso que no sepa ni cómo huele una codorniz de campo (seguro que no huele a una de granja); nosotros sabemos que vamos a la codorniz, pero el perro, sin entrenar, sin educar la nariz, va a oler lo poco que puede o el suelo recalentado de agosto le permite.
Desde que nace, nuestro perro de caza tiene un nivel de nariz ascendente, que se irá entrenando y subiendo de nivel, o embotando y manteniéndose a un nivel bajo de por vida, dependiendo del entrenamiento y la cantidad de caza que pueda localizar a lo largo del año, en la temporada y fuera de ella. El perro de caza necesita un entrenamiento, unas horas de dedicación, que van proporcionadas a la cantidad de vegetación presente en el terreno por donde salimos, a la densidad de caza, a la presencia o ausencia de viento, pues de todo esto nuestro perro va adquiriendo referencias que posteriormente en la caza van a tener un gran protagonismo.
Si un perro poco entrenado entra a cazar en un tomillar en enero, seguramente olerá poco más que a tomillo, y os aseguro que no va a dar con una perdiz aunque pase a un metro de ella, pues la nariz no va a ser capaz de detectar ninguna referencia del pájaro entre tanto olor intenso de las matas. Sin embargo, cuando el perro va cazando en las mismas zonas o en otras y va ‘catalogando’ los olores, llega a un punto en el que ya responde de forma más rápida a las emanaciones de la caza, aunque la pieza esté metida en plena viña vieja, repleta de vegetación estacional y casi sin viento de cara debido a que ya está aplicando de forma productiva su potencial olfativo. De ahí que a primeros de temporada el perro dé con mucha menos caza que a finales y sea tarea nuestra, con un entrenamiento previo concienzudo y adecuado, ponerlo a trabajar con la nariz bien entrenada de cara a la desveda para que sea mucho más fácil que logre poner o levantar caza desde los primeros días.
“Tocones” y de nariz directa
No todos nuestros perros de caza tienen la misma calidad de nariz; hay perros que parecen que ya han tocado techo sin llegar a ser buenos ventores o localizadores de caza amagada o en movimiento, mientras que otros, y a veces desde cachorritos, demuestran una gran finura de nariz en cuanto pisan el campo. Tenemos un buen catálogo de perros en cuanto a sus características y calidad de nariz, con referencias claras a perros “tocones” cuando dan de vez en cuando con rastros y peones pero no llegan a localizar la pieza, perros de nariz dulce cuando tocan continuamente y no dejan de seguir emanaciones a veces muy sutiles, perros que localizan bien la caza larga con el aire de cara pero se dejan atrás la caza amagada, y perros que no huelen la caza que llevamos por delante, pero no dejan pieza escondida.
Además de estos casos, tenemos al perro de nariz directa, por llamarlo de alguna forma, ejemplar que en cuanto recibe la más mínima referencia, nos llevará con un alto porcentaje de acierto a la localización de esa fuente de emanación, sea una pieza de pelo o de pluma. Estos perros son los que caen en nuestras manos sólo de vez en cuando, y de ellos logramos excelentes ejemplares capaces de dejar boquiabiertos a muchos cazadores con la calidad y finura de su nariz, siendo esos perros en los que podemos confiar ciegamente a la hora de acudir a sus señales, pues tienen nariz muy segura.
Si entrenamos de forma adecuada a estos perros lograremos los ejemplares de mayor potencial y resolución ante la caza brava, por lo que nunca hay que dejarse llevar por estar conformes con lo que hace y seguir trabajando para que lleve su nariz a los más altos parámetros. Pero ojo, que de un perro que parece que tiene “media nariz” podemos lograr un gran perro de caza con entrenamiento si lo ponemos en contacto con la caza con insistencia, ya que estos ejemplares llegan a lograr un buen nivel y sobre todo una gran seguridad cuando pasan muchas horas en el campo, siendo perros que requieren dos o tres campeos en la semana para que lleguen a tener una nariz ya a tener en cuenta.
“Mi perro huele la caza”
Esto no solemos decirlo, aunque sí lo pensamos con bastante frecuencia. Y en cierto modo es una afirmación fundamentada, ya que un alto porcentaje de nuestros perros de caza realizan una búsqueda coherente en el campo, pero no detectan las emanaciones, con lo cual el resultado es que no dan con la caza. De ahí que cuando llegados al final de temporada comenzamos a ver algunos buenos detalles de nuestro perro, sobre todo hablando de perros iniciados y jóvenes, pensamos que ese perro va a tener un gran nivel porque “promete”, cuando tal vez si le hubiésemos dado más horas de caza y mucho más campo, a primeros de temporada lo hubiésemos tenido ya poniendo alguna pieza.
Hay que darle opciones a nuestro perro para que descubra caza, cuanta más mejor, pues esas referencias olfativas las guardará y retendrá para cuando en otro momento se cruce con una tenue emanación, siendo el momento de presenciar cómo nuestro perro se queda puesto de repente, en un movimiento enérgico y súbito.
Ese ‘clavar’ la caza viene de que el perro ha sabido reconocer, entre los millones de partículas que entran por sus fosas nasales mientras cazamos, las que en su “catálogo” de referencias corresponden a una pieza concreta de caza, y no a un pajarillo muerto, un gato, o algo de comida. Este nivel se adquiere con la toma de muchas referencias, con la experimentación, con horas en el campo testando el viento y las matas, sabiendo discernir entre unos y otros olores; luego, una vez que el perro sabe ya localizar la pieza por las primeras referencias de su olor, viene la siguiente fase, compleja, de la aproximación y el seguimiento ante una pieza esquiva que apeona.
Jugar con el aire
Aquí el papel del viento es fundamental para enseñar y entrenar bien a nuestro perro, ya que además de deber cazar siempre que sea posible con el aire de cara para favorecer que le lleguen bien las emanaciones, sólo con el aire va a aprender a seguir una pieza que se aleja. Pensemos en esos perros que se ponen de muestra en un caliente, una y otra vez, o que guían un peón antiguo; son perros muy sensibles, dulces de nariz, que no han aprendido a diferenciar entre una emanación cercana y fuerte, con lo que reaccionan igual esté la perdiz o no. Se trata de un defecto o fallo bastante común que en el entrenamiento no nos llama demasiado la atención, pero que en la caza real nos lleva a grandes desengaños con nuestro perro, ya que un perro que no aprende a diferenciar un caliente de una pieza es un perro que mostrará en falso, lo que viene a decirnos que su nariz no es de una gran calidad, o está muy falta de entrenamiento.
La madurez y la caza
La nariz irá evolucionando en nuestro perro a lo largo de los años, con un punto máximo que podríamos situar según ejemplares, casos y razas, entre los cuatro y los siete años. Antes el perro estará aprendiendo, sumando horas de campo, haciendo buenas faenas y fallando estrepitosamente en otras ocasiones. Luego parece llegar a un nivel óptimo en el que la caza se le da muy bien, el perro cuenta ya con una gran veteranía y seguramente un buen número de piezas mordidas, y será raro que en una jornada no nos lleve a la caza, aun con escasa densidad de piezas en el campo.
Esos años dorados de nuestro perro sirven para dos cosas: primero para sacar provecho de su potencial, cazando todo lo que podamos pues serán los mejores años; y segundo para sacar alguna camada con nuestro perro o perra, ya que parece estar clara la relación en cuanto a la calidad de nariz de los padres y la calidad de nariz de los hijos, por lo que siempre sería conveniente esperar a que nuestros perros tengan un buen nivel constatado antes de criar con ellos.
Estimado chinoyosi.
Soy de la misma opnion, para mi es el resorte que te mensionan, mas bien intenta arreglarlo o envialo a areglar a la tienda donde lo has comprado la QB15 la considero buena carabina yo tengo una.
slds
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