|
El lobo se convertirá en patrimonio natural y
cultural de Galicia, porque a lo largo de la historia ha inspirado
cuentos y leyendas y ha aguzado el ingenio de los hombres, que idearon
diferentes mecanismos y arquitecturas para combatirlo, y que hoy son
parte de la herencia etnográfica de cada comarca. La Xunta creará,
todavía no se ha decidido dónde, un centro de interpretación del lobo y
organizará, además, una exposición itinerante y diversos foros de
debate.
El objetivo es resucitar una
cultura del lobo que se está perdiendo, espantar miedos, revalorizar la
especie e incluso convertirla en reclamo turístico, porque hay en
Europa viejos países loberos, como Inglaterra, donde estos cánidos
desaparecieron hace ya mucho tiempo.
Este proyecto es una de las novedades del Plan de Xestión do Lobo
de la Xunta, que el martes fue presentado a diversos grupos
ecologistas, sindicatos,cazadores y ganaderos, y recibido por éstos con
"bastante satisfacción", según el representante de Adega en la cita,
Pepe Salvadores. Otra de las cosas nuevas, con respecto al tan
criticado borrador anterior, es la cuestión de las batidas. Seguirá
habiéndolas, pero el control sobre éstas lo ejercerá la Xunta de forma
directa y sólo se permitirán cuando los ganaderos hayan demostrado que
su cabaña ha sufrido daños "reiterados".
En la anterior versión, reconoce el propio director general de
Conservación da Natureza, Xosé Benito Reza, el lobo se convertía en una
"pieza de caza". Figuraría en la orden de vedas y se aprobarían cupos,
como en las demás especies cinegéticas. El lobo quedaba casi
enteramente en manos de los cazadores, y los ecologistas, recuerda
Reza, temían que se convirtiese en un "trofeo de caza, una pieza
cotizada", un adorno en la pared.
Unos 500 ejemplares
Los cálculos que manejan con muchas reservas los técnicos de la
Xunta y los colectivos de defensa de la naturaleza hablan de entre 60 y
70 "grupos reproductivos" o manadas, que a veces están formados por una
única pareja. Traducido esto a cabezas, serían unas 500 o 550. Hay
lugares donde había muchos lobos y ahora no queda ninguno, como el
suroeste de Pontevedra, allá por la parte de Oia. Por eso el nuevo plan
prevé un seguimiento de la especie, estudios anuales para determinar la
salud y la calidad de vida de estos animales. Una especie que ha visto
fragmentado su hábitat por vías y autovías, y que desde las vacas locas
ha perdido las proteínas que le aportaban los despojos de un ganado
muerto que ahora se incinera.
Reza quiere que el Plan do Lobo, con una vigencia de 10 años, se
apruebe por decreto en el Consello de la Xunta y no quede como una
simple "orden de la Consellería de Medio Ambiente". Esto "ralentizará"
el proceso, pero el director general confía en que el plan se haga
efectivo a partir de otoño. Después habrá un Foro Galego do Lobo, que
velará por el cumplimiento del plan. Y se espera que la maquinaria
administrativa funcione más ágil a la hora de inspeccionar los daños y
de tramitar las consiguientes compensaciones a ganaderos y
agricultores. Unas ayudas que, según Adega, tienen que seguir creciendo
y deben negociarse con sindicatos agrarios y asociaciones ganaderas. En
la reunión del martes hubo "consenso", pero ya se anuncian algunas
alegaciones.
|