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EL ARCO Y LA FLECHA Los amigos del Hombre
Autores: Leonardo Killian y Hector Cirigliano
Génesis
En el largo camino de la evolución humana, en el recorrido complejo y contradictorio que nos llevó desde nuestros antepasados primates hasta el hombre actual hay algunos hitos fundamentales.
Cuando nuestros ancestros salieron de África, en esa época unida a Eurasia por una lengua de tierra, para dar comienzo a la globalización, debieron inventar para sobrevivir. El mundo era nuevo y todo debía comenzar de cero. La aventura humana exigía imaginación.
Aprendieron a crear y conservar el fuego con el que nuestros abuelos no sólo se abrigaron y se alumbraron, sino que los ayudó a ahuyentar las fieras y a cocinar sus alimentos. Domesticaron a el perro, que dejó de ser un lobo amenazante para ser el compañero inseparable del cazador.
Aprendieron a comunicarse con el lenguaje articulado.
E inventaron el arco y la flecha.
El arco es el primer mecanismo compuesto inventado por el hombre. Un trozo de madera flexible con una cuerda atada en sus extremos y donde la energía de los músculos se acumula y concentra en un punto hasta que es descargada simultáneamente. Aunque es superior a los propulsores, requiere gran técnica en la fabricación de las flechas, que cuentan con una punta de pedernal y un penacho de plumas que harán el disparo más certero.
En el clásico libro sobre La Sociedad Primitiva, Lewis Morgan, usando conceptos que hoy en día han perimido escribe “El período inferior del salvajismo, es aquél que comienza con la infancia del hombre y culmina con la adquisición de una subsistencia a base del pescado y del conocimiento del uso del fuego. El hombre comía frutas y nueces, y comenzaba a hacer uso de la palabra articulada.
El período medio del salvajismo se inicia al final de inferior, y termina con la invención del arco y de la flecha. El hombre comienza a migrar a distintos territorios en pos de la caza y de asentarse en nuevos territorios.
El período superior aparece donde había finalizado el anterior, es decir, con el arco y la flecha, y en él, se crea y desarrolla la alfarería.”
Agrega Engels en el Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado…” Comienza con la invención del arco y la flecha, gracias a los cuales llega la caza a ser un alimento regular, y el cazar, una de las ocupaciones normales. El arco, la cuerda y la flecha forman ya un instrumento muy complejo, cuya invención supone larga experiencia acumulada y facultades mentales desarrolladas, así como el conocimiento simultáneo de otros muchos inventos…”
“el arco y la flecha marcan el paso del salvajismo a la barbarie”.
Insistimos que, aunque estos conceptos ya no son usuales en antropología, el significado dado a la invención del arco mantiene toda su vigencia.
Este salto cualitativo en la capacidad de almacenar energía convirtió al hombre en el más temible cazador.
Durante miles de años, ningún instrumento alcanzó la utilidad mortífera del arco, dos brazos de madera, armados por una cuerda que los mantiene en tensión.
Si tenemos en cuenta que la etapa más larga de la historia humana fue la de cazador recolector y que, sin duda, el arco fue su creación más eficaz, podemos afirmar que junto a la invención del fuego tienen una gran importancia en la preservación y continuidad de la especie.
El arco, la honda y la estólica o lanzadera dieron la posibilidad de cazar a una distancia que multiplicaba la fuerza, eficacia y la seguridad personal convirtiendo al hombre en un predador de primer orden.
Durante mucho tiempo se creyó que el arco era una invención del período Mesolítico, unos 10.000 años antes del presente. Hoy, gracias al hallazgo en Alemania de un trozo de arco, sabemos que este tendría por lo menos más de 17.000 años de antigüedad.
En efecto, el museo Reiss Engelhorn de Mannheim, Alemania, se refirió en el 2006 a este hallazgo hecho en los años setenta del siglo XX y que llevaría el origen del arco al período Paleolítico, mucho antes de lo que se pensaba ya que la datación arrojó una antigüedad de 17.600 años antes del presente. Debemos aclarar que se trata de un trozo de madera de pino de unos 40 centímetros con una muesca pero nos faltan elementos para dar por hecho la antigüedad de la invención.
La Historia, como la Arqueología son ciencias humanas que buscan establecer procesos temporales y, hasta ahora, este hallazgo de por si muy impresionante, no deja de ser un hecho aislado fuera del contexto general.
Otros ejemplares muy antiguos se hallaron en Elm, Dinamarca, 9000 años a.p. y en Stellmoor, Alemania (11.000 a.p.).
En Holmegaard, Dinamarca fue hallado un arco de pino de un metro y medio de largo con una antigüedad de 9.000 años. En Muldbjerg, tambien Dinamarca, Meare Heath, Inglaterra (4.700 años) y Charavines, Francia (7.000 a.p.).
En la zona de los lagos, Suiza, se encontraron mas de veinte arcos de entre 1,50m y 1,80m..
Estos arcos estaban construidos con madera de tejo o de olmo y eran lo que denominamos simples, de tipo plano o flatbow es decir, una sola pieza de madera y su tamaño oscila entre los 130cm y los 180cm. En el caso del de Mannheim, el trozo de madera hallado permite suponer que sería de unos 110cm. de largo.
Todo nos hace pensar que los primeros arcos fueron usados hacia fines del Paleolítico superior.
Nos gusta imaginar como habrá sido esa primera experiencia. El primer hombre que armó ese arco primigenio, tensó su cuerda e hizo volar esa flecha primordial. Habrá sido un atardecer y el silbido que cortó el aire nos acompañaría como especie durante miles de años.
OTZI
Con la ayuda de la casualidad se encontró en los alpes tiroleses, más exactamente en la localidad de Otztal, el cuerpo de un hombre de cinco mil años de antigüedad.
“Otzi, el hombre de hielo” no sólo llevaba sus ropas y su hacha sino, lo que más nos importa en este caso: su arco, carcaj y flechas.
El arco de tejo de 182 centímetros tendría una potencia de alrededor de 79 libras y en su carcaj de cuero de venado se hallaron catorce flechas, algunas sin terminar. Estas eran de un largo de entre 85 y 95 centímetros, tenían punta de pedernal y su astil estaba hecho con madera de viburno, un arbusto leñoso. Las puntas medían unos 4 centímetros de largo por 2 de ancho.
Lo curioso es que la causa de su muerte la explica una punta de flecha incrustada cerca de su omóplato. Un arquero, el primero del que tenemos noticias, muerto por otro arquero.
Curiosidad
La palabra “toxicología” deriva del latín toxicum (veneno) y ésta del griego toxicón, pharmacón, que significaba veneno para flechas, derivado a su vez de toxón o arco de tirar, relacionado con las sustancias con que se impregnaban las flechas disparadas con aquel. Las flechas eran denominadas por los griegos toxeuma.
En la mitología griega Toxeo, era un arquero hijo de Eurito, rey de Eucalia, quien fuera muerto por Hércules, que era también un temerario arquero.
Apolo, por su parte, era apodado Toxóforo, “el que lleva el arco”.
Puntas de lanzas y flechas envenenadas fueron usadas ya por el hombre del Paleolítico mucho tiempo antes de la invención del arco.
Carcaj
El carcaj, ese estuche de madera, cuero o tela donde los arqueros portan sus flechas, sería una palabra francesa que ya aparece en el siglo XIII “Carquais” y tal vez sea una adaptación de “Tarkasion” palabra griega bizantina y del persa “Terkech” o “Tarkas”.Su sinónimo “aljaba” tiene origen armenio.
En el antiguo castellano se lo llamaba Ajorca.
La guerra
Aunque es seguro que los conflictos armados entre los hombres deben ser tan antiguos como la misma humanidad, es probable que se hayan incrementado luego de la Revolución Neolítica.
Hace unos diez mil años el clima volvió a cambiar. La era post glacial cambió las condiciones de vida y los hombres volvieron a inventar.
Surgió la ganadería y junto a la domesticación de los animales se domesticaron las plantas: Nacía la agricultura.
Muchos grupos humanos se hicieron sedentarios y aparecieron las primeras ciudades.
Este proceso trajo cambios en las estructuras sociales. Se volvieron más complejas. Aparecieron las jefaturas, el Estado y la división en clases.
El excedente producido y la noción de riqueza tan ajena al sencillo mundo de los cazadores trajeron nuevos conflictos. Comenzaron las guerras, ya sea para apropiarse del territorio, de los que otros producían o para conseguir esclavos.
El mundo de los cazadores recolectores eclipsaba y junto con el nuevo que emergía lo hacían sus lacras.
Las nuevas necesidades produjeron nuevos inventos y los hombres comenzaron a graficar su lenguaje.
Sobre arcilla, papiro, pieles, piedra o madera, en forma de signos de cuña (cuneiformes), jeroglíficos y más tarde con un hábil sistema de signos intercambiables de origen fenicio, el Alfabeto. Los hombres comenzaron a escribir su historia.
Los arcos se volvieron mas sofisticados y multiplicaban su energía con una innovación ingeniosa. Las puntas se doblaron hacia fuera volviéndolo “recurvo o recurvado”. Los extremos hacen un efecto de polea y la velocidad de la flecha y su potencia se incrementaron.
Junto con el recurvado apareció entre los pueblos del Asia central el arte de reforzar los arcos con tendones de animales.
Los tendones poseen una resistencia a la tracción muy superior a las fibras vegetales. Encolados al lomo de los arcos con adhesivos naturales extraídos de pieles de animales y de las aletas de pescados, lo volvieron más resistentes aún.
Pero faltaba algo más.
El agregado de cuernos pegados y encolados con los mismos tendones dio origen al “arco compuesto” donde los tendones soportan la fuerza de compresión y los huesos multiplican la de tracción. Los arcos pudieron acortarse sin perder potencia y así se los podía usar cabalgando. El jinete armado con este tipo de arco fue durante siglos el tipo de guerrero más temido hasta la aparición de las armas de fuego en el siglo XV.
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