| Un poco de historia....y ballestas II |
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| lunes, 14 de mayo de 2007 | ||||
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El papel jugado por la ballesta en la historia de
Pero no fueron las razones humanitarias las que llevaron a la Iglesia a prohibir tal arma, sino que lo hizo por el peligro que suponía para los propios cimientos del sistema feudal. Según éste, Dios en persona había dividido a los hombres en tres órdenes o estamentos. Pero el "infernal" invento ponía en entredicho todo eso. Para nada le servían al caballero los años de entrenamiento, el caballo de guerra y la pesada armadura, la lanza, la espada y el escudo, si cualquier villano con una ballesta, agazapado entre los matorrales, podía mandarle la muerte en la punta de una saeta. A principios del siglo XVI, Pierre de Terrail, conocido por otro nombre como Bayardo, "el caballero sin miedo y sin tacha", paradigma de la nobleza guerrera de su tiempo, mandaba ejecutar sin dilación sobre el campo de batalla a todos los ballesteros hechos prisioneros, porque consideraba que la ballesta era arma "cobarde y propia de traidores" ya que, armado con ella, cualquier villano que no se había ejercitado largos años en las artes de la esgrima ecuestre de los caballeros montados, y que ni siquiera poseía la fuerza moral de los piqueros que resistían a pie firme las cargas de la caballería, podía matar a unos y otros desde lejos sin arriesgar su vida.
Ahí radicaba el gran peligro de la ballesta, y su gran virtud. No sólo tenía una potencia devastadora, sino que era insidiosamente fácil de manejar. Con ella era sencillo atravesar el cuerpo de un ciervo de lado a lado, o hacer asomar tres dedos de la puonta de un dardo en el espaldar del más noble y brillante paladín. Ciertamente, había desde muy antiguo otras armas que podían lograr los mismos efectos. Ahí estaba el arco largo, patrimonio de los galeses y los ingleses, cuyas flechas que podía perforar cualquier coraza a cinquenta. Pero al manejarlo, el arquero debía realizar un tremendo esfuerzo muscular para tensar su arma, con la única fuerza de sus brazos. Y debíaa mantener esa tensión mientras apuntaba, por lo que era muy dificil poner la flecha a cuarenta pasos en algo menor que la pared de un granero. Por ello, para formar un buen tirador de arco se necesitaban años de duro entrenamiento y dedicación. Por el contrario, cualquier enclenque, tras media hora de ensayo, era capaz de montar una ballesta, pues para ese fin contaba con los adecuados medios mecánicos. Y una vez cargada, no tenía que hace otro esfuerzo que el de apretar el disparador y soltar la saeta
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