| Un poco de historia....y ballestas II |
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Se componía de una pieza de madera de unos sesenta o cien centímetros de alargo, llamada "tablero", "cureña", o "caja", en la que se fijaba en ángulo de noventa grados un arco o "verga", que bien podía ser de acero o "de palo", es decir, de madera. En la ranura de la caja de la ballesta se engarzaba la "nuez", una pequeña pieza giratoria de metal en la que existían unos resaltes donde se sujetaba la cuerda para mantenerla tensa. El "disparador" era otra pieza móvil, también sujeta a un eje. Unos de sus extremos quedaba al aire, bajo el tablero de la ballesta, mientras que el otro se encajaba en una muesca de la nuez, impidiendo que girase. En su parte frontal, el arma tenía una robusta pieza de hierro, el "estribo", donde se colocaba el pie para mantener la ballesta en posición vertical.
Los extremos del arco se unían por una cuerda muy resistente. La cuerda de ballesta era tan fuerte que se le daba muchos usos aparte del que le era propio. Los cuadrilleros de En los siglos XII y XIII los ballesteros llevaban un gancho colgado de su cinturón, con el que se ayudaban para forzar la resistencia del arco, aferrando con él la cuerda mientras ellos hacían fuerza apoyando las manos en la contera del arma. Muchos menos fatigoso era usar la "pata de cabra", un ingenioso artilugio con el que se tiraba de la cuerda por medio de un sencillo sistema de palancas. El más refinado de los ingenios era el "cranequín", que se servía de los efectos combinados del torno, las ruedas dentadas y la cremallera para doblar la verga del arma. El más espectacular sería, sin duda, el "armatoste". Se trataba de una doble manivela que ser engarzaba a la contera de la ballesta, provista de un torno donde se enrollaba un juego paralelo de cabos, enganchados por su extremo libre a la cuerda del arma. Para multiplicar la fuerza de tracción, los cabos se hacían pasar por un doble sistema de poleas, de tal modo que hasta el arco más potente era curvado sin gran esfuerzo, aunque, eso sí, la tarea llevaba su tiempo.
Se usara el sistema que se usara, al final, la cuerda de la ballesta quedaba sujeta por la nuez, que quedaba firme e inmóvil por la presión del disparador. El tirador colocaba entonces el dardo en su sitio y se llevaba el arma a
Ballestero español durante la Conquista de México (1519-1521). Pablo Martín Gómez.
Pablo Martín Gómez. "Hombres y armas en la conquista de México". Editorial Almena
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