Sábado, 29 de septiembre. Siete de la mañana, o un poquito menos. El
orto, por llegar. Trescientos cazadores -lebaniegos los más, purriegos
los menos- se concentran ya en la localidad de La Vega, allí donde se
adivina la ruta al monte Onquemada, con un sólo propósito: impedir, tal
y como habían anunciado durante los últimos meses, que se desarrollen
batidas de jabalí en los montes de la comarca. Entre medias, una decena
de efectivos de la Guardia Civil -del Seprona y del puesto comarcal-;
los agentes del Medio Natural de la Dirección de Montes y otro grupo de
cazadores. Unos treinta. Todos de la cuadrilla 96 que, pese a tener
vitola 'regional' -de fuera de la comarca-, lidera un hijo del pueblo
de Vejo, José Vicente Casares Tejón. A él le tocó en suerte ese lote en
el sorteo que cada año promueve el Gobierno de Cantabria para proceder
al reparto de monterías. ¿Resultado? Algún que otro grito; mucha
tensión silente; dos o tres cohetes pirotécnicos y, finalmente, una
decisión: la Guardería, al objeto de evitar un altercado de orden
público entre unos y otros, opta por suspender la cacería. Son poco más
de las ocho de la mañana. Unos de vuelta a Santander. Y otros, los
trescientos, de regreso a casa.
Era el desenlace de una historia que se remonta a varios meses
atrás. Tanto los lebaniegos, como los purriegos, optaron en su día por
no inscribir sus cuadrillas en la actual campaña de caza de jabalí en
la Reserva y, por lo tanto, no participar tampoco del reparto de fechas
y lotes.
Los primeros discrepan así del actual reglamento que rige la
actividad cinegética en Saja y exigen a la Dirección General de Montes
que elabore un nuevo decreto en el que se consolide, de un lado, y se
amplíe, por otro, el número de batidas por temporada a que tendrían
derecho los cazadores locales (pasarían de las seis actuales a las ocho
sugeridas) en su comarca. Una petición que fue aceptada en su día por
la Administración, e incluso se plasmó en un borrador, si bien éste no
ha entrado en vigor durante esta campaña a causa de las demoras propias
de la tramitación que es preceptiva.
Aceptar ese planteamiento, sin embargo, derivará en la apertura de
un 'nuevo frente' para el Gobierno de Cantabria, toda vez que, tanto
las cuadrillas regionales como aquellas locales de Valdeiguña y
Cabuérniga -Campoo se mantiene al margen-, ya han anunciado un plante
similar al de Liébana en caso de que prospere esa nueva reglamentación
aludida.
A todo ello se suma el contencioso promovido desde la comarca del
Nansa. En su caso, no sólo no aceptan ninguno de los dos reglamentos ya
citados, sino que, además, mantendrán sus movilizaciones -idénticas a
las de los lebaniegos, pero en los montes del Nansa-, si se mantienen
la adscripción de los valdáligos como 'locales' del Nansa.
Los rifirrafes
La suspensión de la batida en Vega no se ajusta a ninguno de los
'motivos' citados en el reglamento: presencia de oso en el lote;
condiciones meteorológicas adversas (la pieza siempre debe de tener
ventaja) o no comparecencia en el punto de encuentro del 80 por ciento
de los integrantes de la cuadrilla.
El propio consejero regional de Desarrollo Rural, Jesús Oria, dejó
entrever ya a través de este periódico que la Guardería aplicaría un
cuarto supuesto. «La legalidad avala que la caza sea ejercida por
aquellos a los que legítimamente se les ha otorgado ese derecho
-declaró en su día-, y desde la Administración valoraremos cómo y
cuando tal ejercicio es compatible con la seguridad de las personas y
de los bienes, y actuaremos en consecuencia». Los agentes, de hecho,
han recibido órdenes explícitas en ese sentido.
El futuro
Serenados ya los ánimos, la satisfacción por la ausencia de
incidentes -en ambas partes (cuadrilla 96 y lebaniegos)-, la
incertidumbre sobre el futuro y la indignación hacían las veces de
guión para todas las voces.
«Vamos a mantener nuestra posición. No habrá caza en Liébana»,
aseguró Vicente Puertas, presidente de la Sociedad de Caza 'Picos de
Europa', la cual agrupa a todas las cuadrillas lebaniegas. «Es
estupendo que haya reinado la calma, y que los que han venido hayan
aceptado nuestra postura (...) Teníamos gente abajo, pero también en el
monte para impedir la batida. Toda la zona está controlada. No vamos
contra nadie. Es nuestra manera de oponernos y sólo esperamos que todos
tomen conciencia de que aquí no se va a cazar».
José Vicente Casares, jefe de la cuadrilla a la que se impidió
cazar en Onquemada, no opinó igual. «Esto es una locura que no tiene ni
pies ni cabeza. La Consejería tenía que cerrar esto para cuatro ó cinco
años y se acabó el problema. Ya verás como esta gente se apea del
burro. Sería gordísima que les dieran lo que piden (...) Venimos de
Santander para acá y gastamos gasoil... Hay gente que ha pedido en día
en la fábrica, y mira que papeleta. Y eso legales, y pagando el doble
que los lebaniegos por tirar dos tiros aquí (...) Si el Gobierno tenía
intención de suspender, que me lo digan anoche y no nos hacen subir a
enfrentarnos. Yo les conozco a todos, y la verdad es que se han portado
bien. Pero por lo que sea, surge un problema y, joder, ¿qué esto no es
un juego de niños! La gente lleva arma. Sólo sé que llevo con amenazas
toda la semana, y eso yo que soy del pueblo».
Julio Sánchez, presidente de la asociación que agrupa a las
cuadrillas regionales e invitado ayer de Casares Tejón en la batida de
Onquemada, suscribió sus tesis. «Llegas allí y no sabes la que se puede
organizar. No sé. Voy a hablar con el consejero esta semana, pero
alguna determinación hay que tomar, porque no podemos venir desde
Santander y encontrarnos con este follón. Además, ellos son los que
están ilegales. Gente que te impide cazar cuando tenemos todo en regla.
Es inaudito».
Dijo más. «Si no interviene la Guardia Civil, qué vamos a hacer
nosotros -concluyó-. Con trescientas personas allí es imposible ir al
monte. Así que nos dimos la vuelta, y a casa después de habernos
levantado a las tres, las cuatro o las cinco de la mañana. Si lo que
quieren es separar Liébana del resto de Cantabria, que sepan que lo
están consiguiendo. ¿Quieren echarnos a todos los cántabros? Pues que
sepan entonces también que van a empezar a tener problemas cada vez que
salgan de allí».
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