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El arte del camuflaje consiste en lograr hacer desaparecer la forma humana, aunque manteniendo intacto su contenido letal.
La información que se brinda a continuación nos permitirá
hacernos una idea clara sobre el proceso de la visión de los cérvidos.
Este tema resulta de importancia fundamental para el cazador,
particularmente para los arqueros y aquellos que cazan al rececho.
No se sabe con certeza sí los suidos y demás especies de alto valor
cinegético presentan un sistema visual similar, pero es de suponer que
así es. El motivo por el cual desconocemos tanto al respecto es por que
los estudios anátomo-patológicos necesarios son costosos y dentro del
mundo de la ciencia nadie se interesa mucho por la los deportes de
sangre.
Por lo tanto, ¿quién que no sea un cazador podría estar interesado en
la forma en que perciben los ciervos? Simple; el Departamento de
Transporte y Seguridad Vial. Se estima que solamente en los Estados
Unidos las pérdidas anuales por colisiones entre cérvidos y vehículos
supera la cifra de los mil millones de dólares. Estos valores
corresponden a reparaciones, pérdidas de días laborales,
hospitalizaciones y pago de pólizas, y se obtienen de las compañías de
seguros, motivo por el cual pueden considerarse como muy confiables.
Los americanos del norte, que son quienes llevaron a cabo la
investigación aludida, pueden ser catalogados de muchas cosas, salvo de
desaprovechar oportunidades. Ellos no solo ven (y sufren) estas
pérdidas materiales directas originadas por los mencionados accidentes;
no pueden dejar de pensar en las oportunidades de negocio
desperdiciadas con esas muertes inútiles de tantos animales. Claramente
el deceso de los mismos origina gastos importantes al Estado y a los
individuos, además de no generar ni un solo dólar de ganancia a nadie,
ya que por esos animales nadie pagó por una licencia de caza, un arma,
un guía, alojamiento, compra de combustible, pasajes de avión ó
munición. En definitiva, un verdadero desperdicio. Para un pueblo que
no acepta que nadie muera sí no tiene sus impuestos al día, esto no es
aceptable.
Dispuestos a analizar las causas de estos accidentes para poder
encontrarle una solución, partieron de la base de que los mismos
probablemente se deberían a fallas en los sistemas de detección visual
de los humanos, ¡y de los cérvidos!
Pronto comenzaron a hacer las autopsias y correspondientes estudios
anátomo-patológicos de las malogradas bestias. Particularmente de sus
ojos, y en ellos poniendo especial énfasis en sus retinas.
Para poder sacar conclusiones de los resultados obtenidos es necesario
antes comprender como funciona nuestra visión, de modo de que podamos
partir de una base conocida para comprender que y como ven los
cérvidos.
El ojo humano presenta dos tipos principales de células que
funcionan como receptores dedicados a la visión; los conos y los
bastones. Los primeros son los que empleamos para la visión diurna (que
nos permite ver los detalles finos o las formas de las cosas), y para
la visión cromática.
La visión cromática humana está preparada para diferenciar tres grupos
de colores; el primer grupo es el del rojo-naranja, el segundo capta la
longitud de onda del amarillo, el amarillo-verde y el verde, y el
tercer grupo corresponde a la percepción del color azul, que forma el
extremo opuesto al del rojo en el arco cromático.
¿Cómo está compuesta la retina cervuna? Sólo presenta
receptores para el amarillo y el azul, de modo que del color rojo,
naranja y verde solamente logran percibir el componente amarillo y azul
de dichos colores. Por favor memorice esto.
El segundo tipo de células presentes en nuestras retinas son los
bastones, mucho menos precisos en cuanto a detalle y resolución,
responsables por la visión periférica, y en particular por la visión
nocturna, que en nosotros es mala, pero que en los ciervos es
excelente. Éste es otro dato a tener en cuenta, ya que sí antes pensaba
que por andar a oscuras podía pasar desapercibido éste es el momento
para que revea sus convicciones.
La visión es un acto extremadamente complejo,
en el cual el
reconocimiento de un objeto se logra mediante la percepción del color,
la forma y/o el movimiento del mismo. Cuando el reconocimiento de algo
se lleva a cabo empleando solamente la visión, como ocurre con el
reconocimiento a distancia, en el que el tacto, el gusto o la olfacción
no juegan papel alguno, es la suma de esos tres primeros datos (forma,
color y movimiento) las que no permite distinguir el objeto en
cuestión. La ausencia de uno o más de esos datos crea confusión al
espectador, ya sea humano o no, y en esto se basa el éxito del
camuflaje visual, en negar parte o la totalidad de la información
necesaria para confundir al cerebro.
Hemos dicho que la retina de los cérvidos carece de los receptores para
el rojo-naranja y para el verde, presentando solamente aquellos para el
amarillo y el azul. Por lo tanto comparando sus retinas con las
nuestras, en el departamento cromático se encuentran en franca
desventaja. Al no distinguir el rojo y el verde una tela de éste último
color será vista como un amarillento azulado, ya que el verde está
compuesto por pigmentos amarillos y azules, mientras que el paño color
rojo será percibido como un amarillo ocre.
Dado que el pasto y la vegetación en general es de color verde, que los
ciervos ven de una tonalidad amarillenta, el cazador vestido en verde o
naranja no será más que otra forma coloreada en una particular variedad
de amarillo, que tiende a confundirse con el entorno.
En cambio sé el cazador se encuentra empleando ropas de color
azul, que los ciervos distinguen muy bien, será fácilmente detectado,
independientemente si es de día o de noche.
Volvamos a nuestro cazador vestido de color verde, rojo o naranja.
Recuerde que el uso de estos dos últimos colores se están volviendo más
frecuentes en los países más avanzados en cuanto a legislación
deportiva, por lo tanto no los descarte como parte mandataria de su
futuro ajuar cinegético.
Supongamos que nuestro amigo se encuentra erguido en medio de un
pastizal de color verde, totalmente cubierto por un traje de un verde
algo más oscuro, incluyendo su cabeza, rostro y manos. ¿Qué ve un
ciervo que lo esté observando, o es que nuestro sujeto se ha vuelto
invisible?
Ni mucho menos. El ciervo continuará percibiendo al humano, y
reaccionará de acuerdo a ésta información, o sea que se esfumará. En
éste caso lo que el animal ve es una figura humana de color amarillo,
circundada de más amarillo, aunque de diferentes tonalidades. Pero en
medio de ese manchón monocolor seguirá percibiendo el contorno de su
temido predador, o reconociendo su particular patrón de marcha.
Esto explica por que no nos bastará con el color para camuflarnos.
Para lograrlo es además necesario alterar el contorno, y para eso están
esas famosas líneas ondulantes en los trajes camuflados clásicos, cuya
función es la de romper la figura del usuario.
¿Qué es necesario para desdibujar nuestra forma además del color de
las prendas empleadas y las famosas rayas u otros diseños similares? Es
imprescindible encontrarse rodeado de ramas u hojas verdaderas y no
ofrecer nuestra silueta contra un cielo claro que haga de contraste.
Sí a todo esto le sumamos la inmovilidad, el ciervo se verá
imposibilitado de reconocernos por el color, la forma o el movimiento,
a menos que estemos lo suficientemente cerca como para que nos olfatee
o nos escuche emitir algún sonido que ellos puedan reconocer como
emitido por un humano, en cuyo caso podemos dar por descontada la huída
inmediata.
Dejemos un poco la teoría y pasemos a la práctica. ¿Qué conceptos prácticos podemos sacar de todo esto?
Primero, que el vestirse con ropa camuflado no lo volverá invisible
si no tiene cuidado con detalles como el contorno o el movimiento.
Sí no está mentalmente preparado para emplear ropa camuflada color
naranja o roja, y quiere mantenerse dentro del verde clásico, sin
ningún tipo de diseño estampado, asegúrese de emplear diferentes tonos
de ese color con cada prenda, como lo son la camisa, el pantalón, el
sombrero y los guantes, y no olvide de cubrir ese óvalo que brilla como
un sol en medio de la penumbra que es su rostro. De ésta forma el
animal percibirá las diferentes partes de su cuerpo en diferentes
tonalidades de amarillo o azul, haciéndosele más difícil el proceso de
integración y reconocimiento de la imagen.
Aún así no permita que su figura se recorte contra el cielo, evite los
espacios abiertos para desplazarse y cuando lo haga hágalo lentamente,
empleando la vegetación circundante para ocultarse, aunque más no sea
parcialmente.
Quizás la mejor forma de asimilar toda ésta información es
analizando las fotografías incluidas ex profeso. La forma de hacerlo es
detallada a continuación.
Cada uno de los tres juegos de imágenes consta de tres fotografías
idénticas (pero de diferentes tonalidades) colocadas siempre en la
misma secuencia. La primera de ellas representa la visión tricromática
humana, en la cual están presentes el rojo, el amarillo-verde y el
azul. La segunda corresponde a la visión diurna de los cérvidos. Es una
fotografía dicromática donde el color rojo y el verde están filtrados y
hay un refuerzo del amarillo. La última fotografía, también
dicromática, representa la visión nocturna de estos animales, lo cual
se hace a expensas de la longitud de onda de los azules.
Además del cambio de color es importante resaltar otros detalles en ellas.
El primero de ellos es que por más que la visión pase de tricromática a
dicromática, el contorno de la figura, mediante el cual podemos ser
fácilmente reconocidos, no desaparece (fotografías 1, 2 y 3) Aún
empleando una chaqueta camuflada, y estando parado contra un fondo
tupido, el contorno resalta en forma notoria, siendo más notorio en la
fotografía que corresponde a la visión nocturna del los cérvidos, lo
cual se agrava por el empleo de un pantalón de color azul, el color que
mejor ven.
El otro defecto notorio es como resaltan las manos y el rostro,
particularmente en la noche, por lo tanto no olvide cubrir estas partes
de su cuerpo, y en particular de no andar agitando las manos.
El segundo juego de imágenes, compuesto por las fotografías 4, 5 y 6,
está destinado a remarcar el problema que se sucinta al no cubrir las
manos y el rostro, particularmente durante las horas de poca luz. El
problema del contorno sigue presente, aunque en menor escala, ya que la
fotografía es de medio cuerpo y al no estar presentes los miembros
inferiores el reconocimiento puede tornarse más difícil.
El último grupo,
representado por las fotografías 7, 8 y 9, se
acerca a la situación ideal, sin embargo hay dos errores de técnica
intencionales. Observe como en la posición de cuclillas cuanto más
difícil es reconocer el contorno humano, aunque la fotografía haya sido
obtenida a una distancia de tres metros, y que por delante del sujeto
no hay ramas ni hojas (primer error intencional), salvo en la parte
inferior, donde el perfil se desdibuja mucho más que en la zona del
torso. Sí las mismas fotografías hubiesen sido obtenidas desde una
distancia de 50 metros, el efecto del camuflaje se vería magnificado
notablemente.
El segundo error es haber permitido el empleo de pantalones de color
azul, que hace que la zona de la rodilla izquierda resalte como un
círculo brillante que indudablemente atraerá la atención del animal,
por inmóvil que se encuentre el cazador.
Antes de despedirnos permítame reforzar estos conceptos sobre la visión
con tres ejemplos. El refrán que dice que “resalta como mosca en la
leche” es un claro ejemplo del reconocimiento por el color. Obviamente
el color negro, y no el contorno o los detalles de la mosca, que son
muy pequeños para ser captados a la distancia por el ojo humano, es lo
que nos permite llegar a la conclusión de que “eso” es una mosca.
Una culebra de color verde, quieta, sobre matas del mismo color
es casi invisible, y generalmente es descubierta por su patrón
ondulante cuando se pone en movimiento, constituyendo nuestro ejemplo
de reconocimiento por el movimiento o forma de andar.
Por último un elefante estático en medio de una pradera a latas horas
de una noche con poca será reconocido por su contorno particular, ya
que ni su color, ni la ausencia de movimientos nos ayudará en el
proceso de identificación.
Aprender a “ver” como los ciervos, como para poder explotar ese
conocimiento a nuestro favor es algo que le llevará tiempo y mucha
práctica, esfuerzo que a mi entender, bien vale la pena.
Texto y fotografías por Daniel Stilmann.
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