
Siempre que pueda cace con el sol sus espaldas, el viento en contra y protegido por el cono de penumbra que se forma por debajo del sol en el ocaso y al amanecer.
En un primer momento el cerebro humano solo reconoce una forma extraña frente a sí, pero a partir de ese momento comienza un proceso intelectual automático, que otros mamíferos no pueden realizar, tendiente a desentrañar que es lo que está viendo, proceso que culmina en una identificación positiva del objeto.
Una vez que el proceso intelectual de identificación se ha completado, se inicia la tercera etapa, la toma de decisión basada en esa información, por ejemplo informarle al cazador de nuestra presencia en el área, o simplemente dirigirnos en dirección opuesta para no molestarle. O como en el caso anterior, en el cual los ciervos toman su decisión (fatal), de seguir al cazador y los dos caballos a una distancia adecuada como para poder asegurarse de que no representan un peligro para la manada.
En ésta tercera fase del proceso, que corresponde a la toma de una decisión sobre la información analizada, también se puede confundir a los animales. Por esto cuando alguien nos dice que debemos pensar como un ciervo para atraparlo, es mejor abstenerse de tal barbaridad. En realidad lo que quiere decir es “Uno debe saber como reacciona un ciervo ante determinada situación para atraparlo”, algo muy diferente a pensar como un ciervo, sí es que estos animales piensan.
Un ciervo no reconocerá a un humano como tal sí éste se encuentra quieto, parcialmente cubierto por un arbusto, o dentro de un vehículo, ya que intelectualmente es incapaz de separar la imagen del arbusto o del auto de la del cazador.
Las "escalas" sociales de los sentidos.
Por esto se dice que la visión de los cérvidos es un sentido de segunda clase, que ante la duda necesita de la confirmación del olfato o de la audición. En contraposición, sí un ciervo olfatea o escucha hablar a un humano no necesitará confirmarla con ningún otro de sus sentidos para comenzar a moverse rápido y antes de que sea tarde.
Ahora que se comprende que entendemos por aspectos físicos y psíquicos de la visión podemos entrar en detalles. Antes hice mención a que estos animales ven en una escala de grises o sepias. ¿Qué podemos concluir de esto y cómo nos compete? ¿Cómo incide en nuestros planes esta incapacidad para ver los colores?
Suponga que está parado frente a un ciervo, que entre ambos no se interpone nada, y que Ud. se encuentra totalmente vestido con ropa camuflada. ¿Qué es lo que el animal ve y cual será su reacción?
Para el ciervo frente a él hay un contorno humano al cual ve cubierto con diferentes intensidades de gris, hecho que a él no lo confunde para nada, ya que ha podido reconocer la figura como la de uno de sus predadores favoritos. Para el animal poco importa de que colores está vestido el payaso allí parado, lo que cuenta es comenzar la retirada.
¿Qué se deduce de esto? Que el camuflaje con ropa de colores, como la militar, está diseñado para engañar a los ojos de otro predador, el ser humano, que sí es capaz de ver en colores. Para engañar a los ciervos basta con emplear ropa al tono del lugar, de manera de que el contraste con los grises del entorno no sea tan evidente, contraste que le facilitará r reconocer a la temida figura.
¿Qué ropa camuflada?
Sin embargo la ropa camuflada con esos estrafalarios diseños ayuda al cazador, pero por otros motivos que sus colores. El beneficio obtenido de éste tipo de ropa emana de esos extrañas patentes de diseño que presenta. ¿Cómo lo hace? Ayudando a descomponer el contorno humano.

Bastará con arrodillarse detrás de unos arbustos, aunque solamente estos cubran una parte de nuestro cuerpo, para que entre ambas cosas, las ramas del arbusto, y el diseño de la ropa, hagan que la figura humana pierda su típico contorno, y la descompongan en múltiples imágenes carentes de sentido alguno para el animal.
Por supuesto que el mejor de estos escenarios tan meticulosamente coreografiados por el cazador fracasará miserablemente sí el viento sopla a nuestras espaldas y en la dirección al apéndice nasal de nuestro invitado, o sí se nos ocurre toser. Por lo tanto, disfrazarse de guerrero, sí uno no sabe actuar como tal, no es sinónimo de caza garantida.
Un detalle práctico a recordar es que nuestra piel, que es percibida como un gris pálido, es capaz de ponernos en evidencia, particularmente la piel de las manos y la del óvalo que forma nuestro rostro. Por esto las manos y rostro deben de mantenerse cubiertos, ya sea con guantes y un velo, o simplemente con barro o cenizas mezcladas con agua y tierra.

Pero sí nosotros somos capaces de pensar en estos detalles, de comprar intencionalmente ropa diseñada o pintarnos el rostro para engañar a los ciervos, ¿tiene idea Ud. a que extremos son capaces de llegar nuestros adversarios para eludirnos, además del hecho de ya nacen con el traje camuflado puesto?
Los mecanismos de adaptación.
Por ejemplo, durante las horas de luz los ciervos tienden a recostarse y rumiar. Esto es la suma de dos mecanismos de adaptación y supervivencia instaurados con el sólo propósito de darnos el esquinazo, lo cual considero muy desleal de su parte.
El primero de esos mecanismos funciona así. Los ciervos se recuestan contra el piso para de esa forma minimizar la cantidad de movimientos, los que siempre atraen la atención, y para negarnos su figura típica recortada contra el cielo. Esto es, se mueven menos de día que por la noche, lo cual forma parte de la conducta de adaptación al peligro.
La segunda adaptación es del tipo fisiológico, y consiste en rumiar.
Como los ciervos precisan de ingentes cantidades de pasto para sobrevivir, y el mismo es abundante en el llano, dónde la protección visual contra los predadores es escasa, lo que hacen es introducir en su estómago a toda prisa una gran cantidad de éste elemento, el cual casi no mastican. Luego, en la intimidad de su refugio, recostado contra el piso, y sin necesidad de moverse, regurgita el pasto almacenado en su estómago y procede a masticarlo parsimoniosamente y sin peligro.
Y así pueden pasar al menos dos horas continuas, al cabo de las cuales se levantan para desperezarse, orinar o defecar, para volver inmediatamente a su cómodo lecho.
Por lo tanto y cuando esté cazando al rececho dentro de un bosque, no espere ver a los animales de cuerpo entero, esperando por Ud.
Por el contrario, trate de localizar partes de ellos al ras del piso. Alguna vez es una oreja que se mueve. En otras oportunidades es una rama baja, demasiado oscura, que de pronto y mirándola bien se transforma en una cuerna de seis puntas. Y muy de vez en cuando un animal que se levanta del medio de la nada.
¿Entiende? Ellos también se las traen con esto del camuflaje, y aunque desconozcan todo sobre la parte intelectual de la visión, y otras tonterías académicas, aún así son maestros en esto de hacerse perdiz en la arena.
Camuflarse entonces puede definirse como el arte de perder la identidad, pero manteniendo intacta la capacidad letal, o en el caso de los ciervos, Siendo capaces de mantener su capacidad para la fuga o la evasión.
Cuando uno se refiere al proceso de la visión durante el acto de la caza se debe de tener siempre presente que no solamente es necesario saber como engañar a la presa; también es crucial saber como ellas nos engañan a nosotros. ¡Buena caza!
Un par de consejos.
Cace, siempre que pueda, con el viento de frente y el sol a sus espaldas. Para ello utilice el cono de sombra protector que se forma por debajo del astro rey.
No permita que su figura se recorte contra un fondo claro
Los movimientos bruscos atraen la atención; evítelos.
Busque de desdibujar su contorno adoptando posiciones no convencionales, como sentarse o colocar ramas frente a sí.
No olvide de estimar el viento, ya sea que esté cazando al acecho como sí está recechando.
Una buena técnica de camuflaje es aquella que incluye al camuflaje visual, auditivo y olfativo