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La temporada de caza 2007-2008 ya es historia en los 14 espacios
cinegéticos de la comarca. El próximo sábado, 2 de marzo, se van a
escuchar los últimos disparos y sólo hacia gamos y venados en la
modalidad de rececho. Las cifras de capturas son espectaculares porque
los guarismos establecen que a lo largo de la campaña que finaliza se
han abatido 2.286 piezas de caza mayor. De ellas, 1.767 son jabalíes,
309 corzos, 127 venados, 59 gamos y 24 rebecos.
La suma de todas las especies ha superado los números de la
anterior temporada, algo que se antojaba bastante complicado en el
inicio de la actividad, en los primeros días del mes de setiembre. El
aumento en las capturas queda fijado ligeramente por encima del 16%. Y
es que en el ejercicio anterior se habían cobrado 1.950 animales
salvajes, de los que 1.534 eran jabalíes, 185 corzos, 137 venados, 80
gamos y 14 rebecos.
De entre todos los espacios llaman poderosamente la atención las
cifras de las dos Peñamelleras, pequeños concejos, con sólo tres lotes
en cada uno de ellos, en los que casi se ha doblado el número de
capturas, al pasar de 76 suidos en la anterior campaña a los 132 de la
actual.
Las cifras de Piloña son para meter miedo. En los doce lotes de
caza se cobraron 498 piezas y entre ellas estaba el mayor verraco de la
comarca, un suido de 137 kilos que se llevó una palomilla de Teverga.
De entre los cazadores locales los mejores trofeos se los adjudicaron
Jesús Lobato Foste y Celestino Fernández García, que pasaportaron dos
jabalíes de 119 kilos, cada uno, en Cayón y Los Montes,
respectivamente. Y Fernando Piquero Valiente apioló un gamo medalla de
oro, con 197,25 puntos, en el lote de Cereceda.
Los cazadores de La Parraguesa, coto que engloba las tierras de
Parres y Cangas de Onís, superaron ligeramente las cifras de la campaña
anterior. El verraco más sobresaliente, de 125 kilos, lo cobró Andrés
del Río Soto en el espacio de Fondrigones, el sábado 6 de octubre. El
cerdo salvaje tenía sobresaltados a los agricultores de Llames de
Parres ante los tremendos destrozos que cada noche causaba en los
maizales.
En Llanes se fusilaron 20 suidos más que en la temporada anterior.
Un descomunal navajero, de 129 kilos, tumbó Felipe González Valle en el
lote de Mañanga, entre las localidades de Quintana y Balmori.
El más voluminoso macareno de Ribadedeva, que sobre la báscula
detuvo el fiel de la balanza en la raya de 128 kilos, lo liquidaron a
medias entre José Luis Nosti y José Ibarlucea. En este concejo reside
Salvador Matarranz, la metralleta de la comarca, tras haber tumbado
trece gorrinos.
Las jaurías mejoraban su comportamiento a medida que avanzaba la
campaña. La mayoría de los canes pertenecían a las razas grifón,
sabueso español y azul de Gascuña y no estuvieron exentos de riesgos.
De hecho, el 26 de octubre un titánico jabalí, de 112 kilos, hundió sus
afiladas navajas en el cuerpo de los perros 'Anelka', 'Pol', 'Moro',
'Zar' y 'Paloma', que terminaron sobre la mesa de una clínica
veterinaria en Ribadesella. Los canes eran propiedad de los monteros
cántabros Nacho Casado y Fernando Diego. Otro cántabro, Raúl Noriega,
fue quien recetó un definitivo disparo sobre el agresivo navajero.
Peor suerte corrió la perra 'Selva', propiedad del ribadedense Pepe
Piney, que perdió la vida en el lote cabraliego de Poo tras despeñarse
por una ladera junto a un macareno de 75 kilos.
Mala experiencia
Aunque para mala experiencia la que sufrió el montero piloñés
Adolfo Pérez Benito en parajes de La Cueva. Allí, el día 8 de
diciembre, un jabalí de 93 kilos le clavó sus colmillos en una pierna y
trasladado a un centro hospitalario necesitó doce puntos de sutura.
El balance expuesto es altamente positivo y los cazadores pueden
sentirse contentos. Y más sabiendo que en los montes ha quedado caza
abundante, aunque un importante problema se puede generar a partir de
ahora con el pago por daños en los cultivos a ganaderos y agricultores.
A la hora de poner el punto final a una información que ocupó
durante seis meses las páginas de EL COMERCIO, se hace necesario
recordar la muerte en accidente de coche de un gran cazador y mejor
persona. Es el caso de Alfredo Somohano Coro, riosellano de 33 años,
que perdía la vida en la mañana del pasado 27 de enero cuando se
preparaba para iniciar una partida de caza con sus compañeros de la
cuadrilla de José Mari Gonzalo. Apenas doce horas antes había abatido
los dos últimos jabalíes del concejo de Llanes, en el lote de El
Barracón.
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