El ballestero fue un componente esencial en los ejercitos del siglo XVIII. Estaba en la vanguardia de la batalla. "Balistarii semper praeibant", dice Matthew Paris, y raramente hay un conflicto mencionado por este cronista en el que el ballestero no juegue un papel notable. En la batalla cerca de Damietta, en 1237, " más de un centenar de caballeros del Temple cayeron, y trescientos ballesteros (arcubalis-tarii), sin incluir algunos otros seglares, y un gran número de soldados de infantería". El emperador Federico, en 1239, relatando su campaña italiana al rey de inglaterra, escribe: "Después que habíamos reducido por nuestros caballeros y ballesteros toda la provincia de Liguria, etc.". En 1249 el conde de la Marche, rehusando rendir homenaje a Amphulse, el hermano del rey francés, "hinchándose de rabia y rodeado por un cuerpo de soldados, se abrió camino entre los ballesteros de Poictevin, y , habiendo prendido fuego a la casa donde había morado, inesperadamente cogió su caballo y se dio a la fuga". San Luis, marchando al encuentro de los ingleses en Poitou, tenía un ejercito en el que había " cerca de cuatrocientos caballeros espléndidamente armados hasta los dientes, aparte de varios otros, que venían de todas direcciones, acudiendo en tropel al ejercito, como ríos desembocando en el mar, y el número de seguidores y ballesteros se dice que es alrededor de veinte mil". Las fuerzas contrarias del rey inglés consitían en " dieciséis cientos de caballeros, veinte mil soldados de infantería y setecientos ballesteros"
Los ballesteros eran de varias clases, algunos montados a caballo, otros a pue. En tiempos del rey Juan había los ballesteros que poseían un caballo, los que poseían dos caballos (ad duos equos) y otros que tenían tres caballos. En 1205 el rey envía al oficial de justicia de Salop a "Pedro, un ballestero de tres caballos, y nueve ballesteros de dos caballos", a los que hay que pagar 10 chelines y 4 peniques por día.
La paga normal en esta época era, para el ballestero con dos caballos, 15 chelines por día; con un caballo, 7.5 peniques por día, y para el ballestero a pie, 3 peniques por día.
Los cuadrillos para la ballesta se llevaban delante del ejército en caros. Asi mismo iban juntos los arcos y otras armas y defensas. Estos caros eran denominados artilleria de la expedición.
"Artillerie est le cahrroi
Qui par duc, par comte ou par roi
Ou par auncun seigneur de terre
Est carchié de quarriaux en guerre,
D`arbaletes, de dars, de lances,
Et de targes d´ine semblance"
Guiart, 1304
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A pesar de los servicios prestados en el frente de batalla por los ballesteros y las otras tropas de infantería, cuyo puesto era el más peligroso por estar tan sólo ligeramente provistos de equipo defensivo, el cuerpo de caballería de su propio destacamento no tenía escrúpulos en atropellarlos siempre que se cruzaban en el camino de la gloria o la ambicion de la orden ecuestre.
Esto es confirmado por las Grandes Crónicas : " Nous gens de pie savancent, si auront la victoire et nous ny aurons point dónneur.
En la batalla de Crecy (Cressy) los ballesteros padecieron una terrible suerte sobre todo los genoveses.
Felipe IV no había organizado correctamente a sus tropas. Colocó delante de los caballos a miles de mercenarios genoveses armados con ballestas lo que, llegado el momento, dificultaría la carga de caballería. En segundo lugar, dejó a los ballesteros a la intemperie, con lo que, por causa de las grandes lluvias que habían caído durante la espera, las cuerdas de sus armas se mojaron y se volvieron inútiles. Por contraposición, los comandantes ingleses repartían bolsas impermeables a sus arqueros a fin de que protegieran las armas de la temida humedad

Los primeros en entrar en combate fueron los ballesteros franceses. A pesar de que operaban armas temibles, su cadencia de fuego era sólo de 3 a 4 venablos por minuto contras las 10 o 12 flechas que un arquero inglés disparaba en el mismo tiempo. A pesar de la lluvia de dardos que los ballesteros descargaron sobre los grupos de arqueros enemigos, pronto fueron masacrados por la superior potencia de fuego del arco largo.
Además, Felipe cometió un error aún mayor. Se suponía que cada ballestero debía estar acompañado de un escudero armado con un pavés, especie de escudo grande de pico puntiagudo que se clavaba en la tierra, delante del ballestero. El objetivo de este soldado era proteger al ballestero durante los instantes en que este estaba indefenso, durante el lento y penoso proceso de recargar la ballesta. Durante esos instantes el ballestero tenía un pie y ambas manos ocupadas en el arma, por lo que obviamente necesitaba de un hombre que lo protegiera de las flechas enemigas. Pero el rey francés les ordenó disparar antes de que los encargados de los suministros les hubiesen entregado los paveses a los escuderos. Cuando todos los ballesteros y sus paveseros murieron bajo la lluvia de flechas inglesas, los paveses blindados estaban aún en los carromatos de transporte.
La banda musical francesa, con aires marciales pensados para asustar al enemigo, se encontró de pronto acompañando con sus sones la matanza de sus propios compañeros. En medio de la confusión que siguió, y viéndose superados por el mejor armamento inglés, muchísimos genoveses intentaron retroceder. Esto no fue tolerado por la propia caballería francesa, que tenía orden de reprimir severamente los actos de deserción y cobardía de los ballesteros genoveses, de modo que terminaron con aquellos a los que los arcos enemigos no habían conseguido alcanzar.
El paroxismo de la destrucción de los ballesteros genoveses llegó cuando los pocos sobrevivientes que aún disparaban fueron alcanzados por el devastador fuego de tres bombardas que Eduardo llevaba consigo en previsión de tener que mantener un largo asedio contra alguna ciudad amurallada.

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