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Disquisiciones - Bill Troubridge

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INVIERNO  2005 – Disquisiciones.

 

Un gélido viento de diciembre me redujo a ser un tiritante muñeco de nieve mientras permanecía sentado al borde de un extenso maizal cosechado. Yo me encontraba en un estado de espera (stand by), la estación rápidamente estaba terminando.

tq_004337_g.jpgTan pronto como cuando cuatro venados sin cornamenta comenzaron su recorrido a 100 yardas de distancia, ya estaba emocionado y listo para la acción. Como lo había esperado, cuando atardeció la nieve me provocó escozor en la cara, pero después de un corto tiempo, los venados también habían tenido bastante de ese clima y se dirigían al pantano. Estaba resfriado y listo para ir en busca de una cálida fogata para sentarme a su lado, pero arriesgaba perder esa posibilidad cuando regresaran a su área de descanso. Así fue que ingresé presurosamente en la maleza con mi ballesta tratando de anticiparlos en su camino.

Acababa de llegar a un punto en el que el camino se cruzaba con un pequeño claro cuando el primer venado de la temporada apareció y estuvo a mi alcance. Levanté lentamente la ballesta y la puse en posición de disparo pero como el menor se marchó, una de las hembras -de buen tamaño- lo siguió y también se marchó.

A través de la penumbra, sólo podía ver su silueta a contraluz reflejada en la nieve que cubría los cedros, pero la retícula de la mira llegó a enfocar su pecho. En cuanto ella se paró a 20 yardas, palmeé el gatillo de mi Exomax y fui recompensado con el sólido sonido de un buen lance. En una fracción de segundo los cuatro ciervos huyeron y fui abandonado sin nada más que la nieve arremolinándose a mi alrededor y el sonido del viento atravesando entre los árboles. La hembra yacía muerta a 100 yardas de distancia, al final de un delineado rastro de sangre. Para mí, esta hembra era un trofeo, y llevaré siempre conmigo el entusiasmo de esta experiencia.

 

Llega un momento en el que cazar con su ballesta a un venado es cosa fácil, sobre todo al norte, en donde las oportunidades no son pocas y ni lejanas entre si, obviamente el siguiente movimiento es hacer que la caza se convierta en una experiencia más desafiante, restringiéndola a la búsqueda de la obtención del venado más grande. Si somos suficientemente buenos cazadores, o tenemos áreas bastante buenas para cazar, esto nos ocurre y en mi opinión, es algo bueno. Así aumentará el número de horas que podemos cazar, y aumentamos las satisfacciones que recibimos de la caza. El problema se presenta cuando usamos a la caza como si fuera, por si misma, un trofeo para definir nuestra autoestima. Se consumen galones de testosterona cada año en la búsqueda de un macho que sea más grande que el que cazó el otro cazador, en lugar de simplemente tratar de incrementar el desafío personal.

Este tipo de "estar a la altura de tal o cual" puede destruir el carácter particular de una experiencia muy personal y gratificadora.

No me entiendan mal, no estoy en contra de la caza de trofeo! Vaya hombre!

Yo procuro conseguir también un venado grande, pero la alegría desenfrenada por solo salir y tratar de engañar al venado de algún modo, puede verse disminuida cuando nuestra naturaleza competitiva comienza a controlar nuestras acciones. Pienso que lo más triste de la caza de trofeo se presenta cuando ingresan nuevos cazadores de ballesta con una actitud preconcebida, por la que ellos sólo harán un tiro a un macho si éste es de buen tamaño.

Por hacer esto, ellos mismos se colocan en la absurda posición de presionarse con este afán, dejando pasar lecciones importantes que se derivan del propio hecho de dispararle a un venado. Para un tirador nuevo es mejor experimentar el juego en su integridad, en lugar de tener que cargar con factores ajenos a la "caza". A menudo creo que darle un tiro a un venado realmente grande es una maldición para un cazador que se está iniciando, porque esto lo priva de muchos pequeños desafíos, en su trayectoria por ir convirtiéndose en un mejor cazador.

 

En mi caso, he ido poco a poco cumpliendo con este proceso. La promesa o expectativa por otro macho más grande es mi aliciente y tomo mi caza como algo mucho menos serio de lo que alguna vez lo hice. Así me gusta tomármelo.

Para mí, el trofeo que llevamos a casa después de una cacería es la experiencia del correspondiente ingenio aplicado para conseguir nuestra presa. Independiente de obtener un determinado ejemplar. En si, esto es un trofeo en todos sus sentidos. Espero que todos ustedes tengan un gran año cazando y que sus congeladores estén llenos.

 

Bill Troubridge(*)

 

*Bill Troubridge es el propietario de Excalibur Crossbows en Canadá, cazador y habitual en los “crossbow hunting tips” artículos que aparecen en la revista Horizontal Bowhunter que es la publicación oficial de la Federación Americana de Ballesta.

 

 

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