INVIERNO 2005 –
Disquisiciones.
Un gélido viento de diciembre me redujo a ser un tiritante
muñeco de nieve mientras permanecía sentado al borde de un extenso maizal
cosechado. Yo me encontraba en un estado de espera (stand by), la estación
rápidamente estaba terminando.
Tan pronto como cuando cuatro venados sin cornamenta
comenzaron su recorrido a
Acababa de llegar a un punto en el que el camino se cruzaba
con un pequeño claro cuando el primer venado de la temporada apareció y estuvo
a mi alcance. Levanté lentamente la ballesta y la puse en posición de disparo
pero como el menor se marchó, una de las hembras -de buen tamaño- lo siguió y
también se marchó.
A través de la penumbra, sólo podía ver su silueta a
contraluz reflejada en la nieve que cubría los cedros, pero la retícula de la
mira llegó a enfocar su pecho. En cuanto ella se paró a
Llega un momento en el que cazar con su ballesta a un venado
es cosa fácil, sobre todo al norte, en donde las oportunidades no son pocas y
ni lejanas entre si, obviamente el siguiente movimiento es hacer que la caza se
convierta en una experiencia más desafiante, restringiéndola a la búsqueda de
la obtención del venado más grande. Si somos suficientemente buenos cazadores,
o tenemos áreas bastante buenas para cazar, esto nos ocurre y en mi opinión, es
algo bueno. Así aumentará el número de horas que podemos cazar, y aumentamos
las satisfacciones que recibimos de la caza. El problema se presenta cuando
usamos a la caza como si fuera, por si misma, un trofeo para definir nuestra
autoestima. Se consumen galones de testosterona cada año en la búsqueda de un
macho que sea más grande que el que cazó el otro cazador, en lugar de
simplemente tratar de incrementar el desafío personal.
Este tipo de "estar a la altura de tal o cual"
puede destruir el carácter particular de una experiencia muy personal y
gratificadora.
No me entiendan mal, no estoy en contra de la caza de
trofeo! Vaya hombre!
Yo procuro conseguir también un venado grande, pero la
alegría desenfrenada por solo salir y tratar de engañar al venado de algún
modo, puede verse disminuida cuando nuestra naturaleza competitiva comienza a
controlar nuestras acciones. Pienso que lo más triste de la caza de trofeo se
presenta cuando ingresan nuevos cazadores de ballesta con una actitud
preconcebida, por la que ellos sólo harán un tiro a un macho si éste es de buen
tamaño.
Por hacer esto, ellos mismos se colocan en la absurda
posición de presionarse con este afán, dejando pasar lecciones importantes que
se derivan del propio hecho de dispararle a un venado. Para un tirador nuevo es
mejor experimentar el juego en su integridad, en lugar de tener que cargar con
factores ajenos a la "caza". A menudo creo que darle un tiro a un venado
realmente grande es una maldición para un cazador que se está iniciando, porque
esto lo priva de muchos pequeños desafíos, en su trayectoria por ir
convirtiéndose en un mejor cazador.
En mi caso, he ido poco a poco cumpliendo con este proceso.
La promesa o expectativa por otro macho más grande es mi aliciente y tomo mi
caza como algo mucho menos serio de lo que alguna vez lo hice. Así me gusta tomármelo.
Para mí, el trofeo que llevamos a casa después de una cacería es la experiencia del correspondiente ingenio aplicado para conseguir nuestra presa. Independiente de obtener un determinado ejemplar. En si, esto es un trofeo en todos sus sentidos. Espero que todos ustedes tengan un gran año cazando y que sus congeladores estén llenos.
Bill Troubridge(*)
*Bill Troubridge es el
propietario de Excalibur Crossbows en Canadá, cazador y habitual en los
“crossbow hunting tips” artículos que aparecen en la revista Horizontal
Bowhunter que es la publicación oficial de

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