AGRADECIMIENTOS
Mi padre nos llevó siempre a veranear a Ancón, y aunque desde muy chico practiqué la pesca con él y mis hermanos, ya sea desde el muelle de la base, de la orilla o embarcado, la mayoría del tiempo se lo dedicaba a correr olas. Primero a pecho, y luego con colchoneta inflable o “pitiabla” que eran unas de tecnoport. Posteriormente llegaría nuestro primer longboard o tablón familiar y empezamos los hermanos simultáneamente a correr tabla o surfear. También estaban las bicicletas, principalmente por las tardes y algún partido de futbol. Creo que fue para el verano del 69 que mi padre se compró una casa en Miramar, más cerca de la playa donde corríamos olas y conocí a algunas personas que fueron determinantes en mi afición por cazar. Uno de ellos y el más importante era Nicola, un personaje muy querido en la playa, dueño de un longboard con el que muchos aprendimos a correr tabla y que prestaba a todos sin problema, era una rutina además que recogiéramos en su casa la red y los postes para el diario juego de voley. Nicola era especialmente popular entre los chicos de mi edad por que nos daba confianza para no fumar a escondidas o decir algunas lisuras con un “grande”, los mayores tomar algún traguito y era organizador de actividades como salir a pescar con don Domingo, su padre a el Polvorín de la Marina o a Santa Rosa o simplemente salir a cazar. Era además aficionado a la caza submarina pero con respecto a cazar, fue Nicola quien me introdujo en esto. Como a algunos de los chicos de mi edad o mi hermano Fernando, él nos invitaba a acompañarlo a cazar por que le recogíamos las palomas, y de vez en cuando, nos prestaba la escopeta para hacer algún tiro a las paradas o practicar tiro al blanco en la playa. Las salidas eran por lo general dos veces por semana, los miércoles y los sábados y yo disfrutaba acompañándolo y debo haber sido buen recogedor por que quiero creer que también él prefería ir conmigo. Eventualmente hacíamos una salida con campamento incluido y dormida en carpa, como a Huarmey o Sayán y estoy seguro que la primera vez que no dormí en mi casa, fue por acompañarlo a cazar. Por lo general nos íbamos a la irrigación Santa Rosa, Huaral y alrededores.
Por lo tanto, mis primeras experiencias cinegéticas fueron veraniegas, ya que durante el invierno no teníamos contacto con los amigos de la playa, pero luego de la primera temporada de “recogedor”, esperaba el verano con la ilusión de acompañarlo nuevamente. La diversión estaba asegurada con la tabla, el voley y las chicas, pero salir a cazar se hizo para mi desde aquel verano, algo totalmente especial y motivador.
Nicola adicionalmente era muy bromista y nos contaba sus aventuras, algunas creo exageradas, de caza, pesca o con mujeres. Hacía por ejemplo travesuras como pagar el peaje con un billete cortado a la mitad o cosas por el estilo. Nuestro primer perro de caza, la Trini, nos fue vendido por él. Lo he visto en esporádicas ocasiones, por la venta de un rifle o por que resultó que ahora que soy cazador, tenemos amigos comunes. Una vez vi una foto suya en un hotel en Chiuchín, un pueblo cerca de Churín donde cacé algunos venados, donde Nicola aparecía con un ciervo colorado de Sunchubamba o unos venados y preguntando encontré a sus guías e incluso una vez nos cruzamos cazando en ese lugar. Lo sentí como una traición a mi mentor y guía y me dio vergüenza luego acercarme y agradecerle infinitamente a quien me inculcó realmente la afición por la caza. Creo que fue también ese día que ya me vio como “la competencia.”¡Gracias Nicola y perdóname!
Otra persona que considero importante en mi afición por la caza es mi hermano Fernando, que aunque ahora sale muy poco a cazar y menos con escopeta o rifle, fue desde el principio mi acompañante en todas las partidas de caza y nuestros inicios como cetreros los hicimos juntos, el perseveró en este tema y eventualmente lo acompañé a cazar con aves de presa algunas veces. Compartió conmigo su primera arma, era una carabina de aire comprimido que le regaló un amigo, vecino de la playa, Ducho. Era una Bavaria 30 que se la entregaron toda desarmada y con el cañón obstruido, que mi tío Lucho, (hermano de mi padre), dejó como nueva en el Servicio de Material de Guerra de la FAP. Con ella obtuve mis primeras presas y cazamos mucho, sobre todo para alimentar a nuestros halcones y cernícalos y a pesar que se la dieron a él, la compartió siempre conmigo. Un verano que entraron a robar en nuestra casa de la playa, la utilizaron de palanca y la dejaron inservible.
Nuestra primera arma de fuego la compramos entre los dos, mi padre y para fomentar el deporte, nos hacia juntar el 50% de lo que costaba lo que queríamos comprar y cuando obtuvimos el dinero para un rifle del 22, se negó a comprarlo. Como el dinero nos alcanzaba para uno nuevo, pero de menor calidad, buscamos al tío Willy, el hermano menor de mi padre, para que la comprara a su nombre. Nos fuimos a Sears de San Isidro y compramos un mono tiro Gecado. Luego el tío convenció al viejo de que era una tontera y lo devolvimos y fue así como nos fuimos al edificio Reducto en Miraflores y nos compramos una carabina Krico, muy linda y precisa, que mi hermano conserva hasta ahora y que era el arma que habíamos elegido. La estrenamos en unas vacaciones en el Cusco y la hemos disfrutado desde entonces.
Luego nos compramos una escopeta yuxtapuesta del 16, era una Sauer, muy linda que la compartimos durante años y que la compramos poco a poco a una señora que era viuda y seguramente se compadeció de nosotros, ya que aceptó el pago semanal que le alcanzamos de nuestras propinas y de lavar autos. Posteriormente llegó nuestro primer fusil, un “corto 35”, de manufactura Belga y en el calibre original 7.65, que fue con el que cacé mis primeros venados. ¡Gracias hermano!

Aquí quiero resaltar algo muy importante y por lo cual, también estoy muy agradecido, mientras que no teníamos nuestras propias armas, quien siempre nos la prestó fue mi tío Lucho, cuando joven oficial de la FAP. fue asignado a Piura como piloto y creo que fue ahí donde empezó a cazar, luego y por sus vacaciones, siempre regresó a Camaná, su tierra, donde hizo grandes cacerías de patos, bandurrias y chocas o gallaretas. Incluso yo alcancé a conocer unos botes que preparó de los pontones de un hidroavión y que utilizaba para ingresar a las lagunas. Tenia un rifle de bomba del 22 y un 16, ambas creo eran Winchester. Mi hermano y yo las utilizamos muchas veces en las vacaciones de invierno. ¡Gracias tío!
En el colegio salí con algunos amigos también aficionados o sus padres y con quienes compartí desde edad temprana algunas cacerías, a ellos también los sigo viendo y con alguno salimos con frecuencia y son personajes en algunas de las anécdotas de este libro, como Fito, Manolo, Roberto, Eduardo, Orlando, Mario, etc. ¡Gracias a todos ellos!
Pero quien realmente me llevó a cazar y me enseño de todo, fue Don Lucho, siempre y hasta antes de conocerlo, fui autodidacta, pero él me enseñó a tirar al vuelo, corregir mis defectos, rastrear. Incluso caminar en el campo y ubicarse en un potrero tiene sus razones. Cazar perdices y venados fue algo que hicimos muy frecuente, pero la mayoría de las veces salíamos a palomear. Conocí a Don Lucho cuando me hice socio del Club Los Halcones de la Liga del Callao, adonde me llevó creo que el chino Masa, pero ya conocía sus escritos publicados en la pagina “al aire libre” de El Comercio, donde tocaba temas como la pesca de truchas, los tipos de perdices, cómo cazar faisanes, y muchos otros. También fue muy buen pescador, tanto de mar como de río o lago. Era muy bromista y bueno para poner apodos a todos, los guías, los amigos, e incluso a los animales. No recuerdo exactamente cómo fue que empezamos a salir juntos, pero lo hicimos y muy seguido, creo que era de los pocos que me aguantaba el ritmo de salir todas las semanas y sobre todo salíamos variado y a todo tipo de especies. Conocía todos los huecos de cacería y también a muchos cazadores. Don Lucho ya está donde están los grandes, esperándome para darme los datos. Actualmente salgo con su menor hijo Italo, quien resultó muy buen cazador. ¡Gracias Don Lucho!
Sería mezquino no dedicarles unas líneas a mis padres, a quienes en primer lugar les debo la vida, mi salud y educación, que están entre las cosas más preciadas que tengo. Gracias a su tolerancia, a sus muchos y merecidos castigos y a tantos premios. A su paciencia con esta oveja negra que gracias a la cacería enrumbó su vida y salió de los malos pasos. ¡Gracias viejos lindos!
Tampoco no puedo dejar de agradecer a mi familia, por todas mis ausencias y escapadas con ellas, mis amantes.
Luis Gerardo Castillo
AGRADECIMIENTOS (La Molina 9 y 10.12.09)
Mi padre nos llevó siempre a veranear a Ancón, y aunque desde muy chico practiqué la pesca con él y mis hermanos, ya sea desde el muelle de la base, de la orilla o embarcado, la mayoría del tiempo se lo dedicaba a correr olas. Primero a pecho, y luego con colchoneta inflable o “pitiabla” que eran unas de tecnoport. Posteriormente llegaría nuestro primer longboard o tablón familiar y empezamos los hermanos simultáneamente a correr tabla o surfear. También estaban las bicicletas, principalmente por las tardes y algún partido de futbol. Creo que fue para el verano del 69 que mi padre se compró una casa en Miramar, más cerca de la playa donde corríamos olas y conocí a algunas personas que fueron determinantes en mi afición por cazar. Uno de ellos y el más importante era Nicola, un personaje muy querido en la playa, dueño de un longboard con el que muchos aprendimos a correr tabla y que prestaba a todos sin problema, era una rutina además que recogiéramos en su casa la red y los postes para el diario juego de voley. Nicola era especialmente popular entre los chicos de mi edad por que nos daba confianza para no fumar a escondidas o decir algunas lisuras con un “grande”, los mayores tomar algún traguito y era organizador de actividades como salir a pescar con don Domingo, su padre a el Polvorín de la Marina o a Santa Rosa o simplemente salir a cazar. Era además aficionado a la caza submarina pero con respecto a cazar, fue Nicola quien me introdujo en esto. Como a algunos de los chicos de mi edad o mi hermano Fernando, él nos invitaba a acompañarlo a cazar por que le recogíamos las palomas, y de vez en cuando, nos prestaba la escopeta para hacer algún tiro a las paradas o practicar tiro al blanco en la playa. Las salidas eran por lo general dos veces por semana, los miércoles y los sábados y yo disfrutaba acompañándolo y debo haber sido buen recogedor por que quiero creer que también él prefería ir conmigo. Eventualmente hacíamos una salida con campamento incluido y dormida en carpa, como a Huarmey o Sayán y estoy seguro que la primera vez que no dormí en mi casa, fue por acompañarlo a cazar. Por lo general nos íbamos a la irrigación Santa Rosa, Huaral y alrededores.
Por lo tanto, mis primeras experiencias cinegéticas fueron veraniegas, ya que durante el invierno no teníamos contacto con los amigos de la playa, pero luego de la primera temporada de “recogedor”, esperaba el verano con la ilusión de acompañarlo nuevamente. La diversión estaba asegurada con la tabla, el voley y las chicas, pero salir a cazar se hizo para mi desde aquel verano, algo totalmente especial y motivador.
Nicola adicionalmente era muy bromista y nos contaba sus aventuras, algunas creo exageradas, de caza, pesca o con mujeres. Hacía por ejemplo travesuras como pagar el peaje con un billete cortado a la mitad o cosas por el estilo. Nuestro primer perro de caza, la Trini, nos fue vendido por él. Lo he visto en esporádicas ocasiones, por la venta de un rifle o por que resultó que ahora que soy cazador, tenemos amigos comunes. Una vez vi una foto suya en un hotel en Chiuchín, un pueblo cerca de Churín donde cacé algunos venados, donde Nicola aparecía con un ciervo colorado de Sunchubamba o unos venados y preguntando encontré a sus guías e incluso una vez nos cruzamos cazando en ese lugar. Lo sentí como una traición a mi mentor y guía y me dio vergüenza luego acercarme y agradecerle infinitamente a quien me inculcó realmente la afición por la caza. Creo que fue también ese día que ya me vio como “la competencia.”¡Gracias Nicola y perdóname!
Otra persona que considero importante en mi afición por la caza es mi hermano Fernando, que aunque ahora sale muy poco a cazar y menos con escopeta o rifle, fue desde el principio mi acompañante en todas las partidas de caza y nuestros inicios como cetreros los hicimos juntos, el perseveró en este tema y eventualmente lo acompañé a cazar con aves de presa algunas veces. Compartió conmigo su primera arma, era una carabina de aire comprimido que le regaló un amigo, vecino de la playa, Ducho. Era una Bavaria 30 que se la entregaron toda desarmada y con el cañón obstruido, que mi tío Lucho, (hermano de mi padre), dejó como nueva en el Servicio de Material de Guerra de la FAP. Con ella obtuve mis primeras presas y cazamos mucho, sobre todo para alimentar a nuestros halcones y cernícalos y a pesar que se la dieron a él, la compartió siempre conmigo. Un verano que entraron a robar en nuestra casa de la playa, la utilizaron de palanca y la dejaron inservible.
Nuestra primera arma de fuego la compramos entre los dos, mi padre y para fomentar el deporte, nos hacia juntar el 50% de lo que costaba lo que queríamos comprar y cuando obtuvimos el dinero para un rifle del 22, se negó a comprarlo. Como el dinero nos alcanzaba para uno nuevo, pero de menor calidad, buscamos al tío Willy, el hermano menor de mi padre, para que la comprara a su nombre. Nos fuimos a Sears de San Isidro y compramos un mono tiro Gecado. Luego el tío convenció al viejo de que era una tontera y lo devolvimos y fue así como nos fuimos al edificio Reducto en Miraflores y nos compramos una carabina Krico, muy linda y precisa, que mi hermano conserva hasta ahora y que era el arma que habíamos elegido. La estrenamos en unas vacaciones en el Cusco y la hemos disfrutado desde entonces.
Luego nos compramos una escopeta yuxtapuesta del 16, era una Sauer, muy linda que la compartimos durante años y que la compramos poco a poco a una señora que era viuda y seguramente se compadeció de nosotros, ya que aceptó el pago semanal que le alcanzamos de nuestras propinas y de lavar autos. Posteriormente llegó nuestro primer fusil, un “corto 35”, de manufactura Belga y en el calibre original 7.65, que fue con el que cacé mis primeros venados. ¡Gracias hermano!

Aquí quiero resaltar algo muy importante y por lo cual, también estoy muy agradecido, mientras que no teníamos nuestras propias armas, quien siempre nos la prestó fue mi tío Lucho, cuando joven oficial de la FAP. fue asignado a Piura como piloto y creo que fue ahí donde empezó a cazar, luego y por sus vacaciones, siempre regresó a Camaná, su tierra, donde hizo grandes cacerías de patos, bandurrias y chocas o gallaretas. Incluso yo alcancé a conocer unos botes que preparó de los pontones de un hidroavión y que utilizaba para ingresar a las lagunas. Tenia un rifle de bomba del 22 y un 16, ambas creo eran Winchester. Mi hermano y yo las utilizamos muchas veces en las vacaciones de invierno. ¡Gracias tío!
En el colegio salí con algunos amigos también aficionados o sus padres y con quienes compartí desde edad temprana algunas cacerías, a ellos también los sigo viendo y con alguno salimos con frecuencia y son personajes en algunas de las anécdotas de este libro, como Fito, Manolo, Roberto, Eduardo, Orlando, Mario, etc. ¡Gracias a todos ellos!
Pero quien realmente me llevó a cazar y me enseño de todo, fue Don Lucho, siempre y hasta antes de conocerlo, fui autodidacta, pero él me enseñó a tirar al vuelo, corregir mis defectos, rastrear. Incluso caminar en el campo y ubicarse en un potrero tiene sus razones. Cazar perdices y venados fue algo que hicimos muy frecuente, pero la mayoría de las veces salíamos a palomear. Conocí a Don Lucho cuando me hice socio del Club Los Halcones de la Liga del Callao, adonde me llevó creo que el chino Masa, pero ya conocía sus escritos publicados en la pagina “al aire libre” de El Comercio, donde tocaba temas como la pesca de truchas, los tipos de perdices, cómo cazar faisanes, y muchos otros. También fue muy buen pescador, tanto de mar como de río o lago. Era muy bromista y bueno para poner apodos a todos, los guías, los amigos, e incluso a los animales. No recuerdo exactamente cómo fue que empezamos a salir juntos, pero lo hicimos y muy seguido, creo que era de los pocos que me aguantaba el ritmo de salir todas las semanas y sobre todo salíamos variado y a todo tipo de especies. Conocía todos los huecos de cacería y también a muchos cazadores. Don Lucho ya está donde están los grandes, esperándome para darme los datos. Actualmente salgo con su menor hijo Italo, quien resultó muy buen cazador. ¡Gracias Don Lucho!
Sería mezquino no dedicarles unas líneas a mis padres, a quienes en primer lugar les debo la vida, mi salud y educación, que están entre las cosas más preciadas que tengo. Gracias a su tolerancia, a sus muchos y merecidos castigos y a tantos premios. A su paciencia con esta oveja negra que gracias a la cacería enrumbó su vida y salió de los malos pasos. ¡Gracias viejos lindos!
Tampoco no puedo dejar de agradecer a mi familia, por todas mis ausencias y escapadas con ellas, mis amantes.

escrito por Lila , febrero 22, 2010
escrito por carlos , febrero 24, 2010
Un abrazo.
Gladiador.
escrito por Luis Gerardo , febrero 24, 2010
Gracias por los comentarios.
Saludos y buena caza!!
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