Ni más cazo. Y ya son dos (Chóchope 1985)
El bosque seco ecuatorial es el mejor hábitat para los “cola blanca”. Además también es costa y no te agitas por la altura, como con los venados serranos. Chóchope es un lugar cercano a Motupe en Chiclayo y los venados caminan ramoneando en los bosques de algarrobos, donde abundan las ardillas y en épocas del Fenómeno del Niño, bajan los sajinos y algún otorongo perdido. No es raro ver los rastros de los osos todavía y es un lugar maravilloso para cazar. Jorge nos había invitado varias veces a cazar con el Goyo, un viejo que quedó tuerto al hacer un disparo con “cartucho pa león” a un oso. Cuando se despertó del trauma, tenía a el oso muerto a
Esperé lo más que pude a Jorge y me regresé al auto con la sorpresa de no encontrarlo. Pensé que habría escuchado mi tiro y se regresó sin dar el vueltón al cerro y salir juntos. Como a las 10 de la noche llegó el Goyo a buscarnos porque no llegaba el “niño”, como le decía a Jorge. Le comenté nuestro plan y se preocupó, sacamos las linternas y Goyo se fue por las huellas de Jorge y yo entré por la quebrada nuevamente. Como a la una de la mañana y largamente pasado el punto donde yo cacé, escuché un tiro de respuesta al mío. Seguí avanzando y tiro a tiro nos llegamos a encontrar Jorge y yo, como a las dos horas. Estaba en el suelo, al fondo de un barranco por el que se había caído. Lúcido, pero ensangrentado y adolorido me contó lo que había pasado. Resulta que intentando buscar una bajada, se pegó a un farallón y empezó a caminar por las lajas del borde. Una de estas se partió y Jorge, como en las películas, terminó agarrado de un guaranguito en plena caída libre. Esto le salvo la vida, no yo. La cosa es que era imposible escalar de nuevo y solo le quedaba soltarse y caer los
Cuando llegamos eran como las 8 de la mañana, corrimos al hospital de Chiclayo y ¡sorpresa!, solo tenía unos arañazos y pequeños desgarros que se los limpiaron con agua oxigenada, y un hematoma que le dejo el culo negro por más de un mes. Cuando se le quitó, me reclamó el obsequio y me dijo: “Y ya son dos”.
Luis Gerardo Castillo

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Muchas gracias Lucho.
Un abrazo.
Gladiador.