joomla templates

Acabape Asociación de Caza con Ballesta y Aire del Perú

Inicio - Temas - Articulos. - Cuentos de Caza de LC - Capitulo 7: Un feo lugar para morir
A+ R A-

Capitulo 7: Un feo lugar para morir

E-mail Imprimir PDF

Un feo lugar para morir (La Cresta del Cóndor, 1988)

Nos levantamos del campamento del portillo a oscuras y empezamos a caminar la última subida para coronar al amanecer. Ya en los lomos y esperando despeje un poco la neblina mañanera, escuchamos el helicóptero en nuestras cabezas. Era la época del terrorismo y alguna patrulla pasó por el lugar, las alturas de Sayán, y nos terminó cagando la cacería sin saberlo. “menos mal no nos vieron”, me dijo Jorge, “¡nos hubieran metido bala!”. Cuando empezamos el campeo, veíamos los rastros de los venados dando saltos de 4 y 5 metros, huyendo a esconderse del helicóptero. No vimos ni mierda en toda la mañana y al Fifo, nuestro guía de turno, se le ocurrió bajar por otro lugar. ¿Conocen la cresta del Cóndor?, nos preguntó a ambos. Nos señaló un cerro pasando más abajo de las “tres tetas”, que bajaba a la quebrada de la hacienda “Casa Vieja”. Las tres tetas eran unos lomos donde nunca fallaban los venados y era nuestro último recurso para no regresarnos con las manos vacías. Pero había otro sitio nuevo y desconocido para nosotros. Fifo nos dijo que en la cabecera de la quebrada de Casa Vieja hay una aguada que “nadies conoce” y que era la mata de los venados. Animados por esta nueva zona nos decidimos a partir.

La Cresta del Cóndor”, como su nombre lo indica, era una cresta entre dos cerros y que separa la quebrada de La Mina, con la de Casa Vieja. Al llegar al lugar, vimos que era un desfiladero de unos 10 o 12 metros de largo, con sendos precipicios a lado y lado. Fifo cruzó al otro extremo rápidamente y volteó a mirarnos. Yo pensé -me regreso-, recojo las cosas y el caballo y bajo por donde siempre, pero cuando vi la decisión de Jorge en dar el primer paso y empezar a cruzar con el rifle en bandolera, me dije a mi mismo, si ellos han pasado, yo también lo hago.  Jorge caminó casi hasta el final sin problemas, pero casi al llegar se quedó petrificado y no se movía. En tono de broma le dije, deja pasar, si no te mueves, te empujo… y no se movió tampoco.  Tenía vértigo o algo le dio pánico y simplemente se congeló.

El  Fifo se mataba de la risa al verme empezar a cruzar en cuatro patas, pero no se me hubiera ocurrido hacerlo de otra manera, empecé a avanzar rápido pero seguro y animando a Jorge a salir del mal paso, pero seguía mudo y petrificado. Agáchate y cruza en cuatro patas, le decía, pero nada, le faltarían dos o tres metros para salir, pero era la peor parte y estaba medio desmoronada y luego el camino, si se le puede llamar así, hacia una bajada brusca a otro lomo más ancho.  Al llegar a su lado, juntó los pies y re inició la caminata, pero temblaba horriblemente y donde puso el primer paso, se desmoronaron unas piedras y se cayó de mala forma, quedando casi de cabeza, mirando al abismo del lado derecho. Simplemente atiné a abalanzarme y agarrarle los pies. Estábamos uno a cada lado del barranco y ahora si Fifo ponía cara de susto. Yo abrazándolo de las canillas y balanceando con mi peso para no dejarlo caer, pero sentía mis pies en el aire o casi y el cholo Fifo no llegaba nunca. Luego de gritarle a Fifo que también se agache y lo sacara del mal paso, en pocos segundos que los sentí como interminables minutos, logró tomarlo de los hombros, luego la cabeza y las manos y salimos, Fifo con el culo al suelo y en retroceso, Jorge agarrando al cholo de las muñecas y sin soltarlo y yo gateando al final tomando a Jorge de los tobillos. Bajé los 20 metros que me quedaban al morro sin poder incorporarme y gateando. Luego de una media hora en la cual estuvimos todos mudos, Jorge atinó a decirnos: “Un feo lugar para morir”, lo abracé en silencio un rato y luego le dije, van tres Reconchi, y casi me llevas contigo.

Nos paramos y empezamos la bajada, Fifo estaba como si nada hubiese pasado, yo revisando los pantalones a ver si me había meado o algo peor y luego de un rato ya empezaron a aparecer los rastros frescos y todo se olvidó por el resto del día. Esa tarde cacé, buscando el “retrato del león” mi primer puma, pero esa es otra historia.


Luis Gerardo Castillo

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy

Login

Accede con Facebook