Murió en su ley (Acotama, 14 de noviembre, 2009)
Conocí a Jorge en la universidad, un día, saliendo de un final de Finanzas, lo escuché hablando con otro, “me voy a Chiclayo de cacería”, le decía, y yo le pregunté: ¿Eres cazador? Y le mostré unas fotos que andaba trayendo de unos venados bonitos. Inmediatamente quedamos en salir a dar una vuelta a los patos. Tenía una Stevens 16, con el martillo roto y que caminaba con ella preparada para disparar y sin seguro. No le daba a un avestruz parado, pero le gustaba la cacería tanto o más que las mujeres. Pensé que no aprendería nunca a disparar, pero lo hizo y llegó a ser uno de los mejores cazadores que he conocido. El primer rifle que le presté, me lo trajo usándolo como bastón y le había perdido el cerrojo, menos mal que luego y recogiendo sus pasos, Mariano nuestro guía, lo encontró.
Fuimos compañeros de estudios, cacería y en el transcurso de esas correrías nos hermanamos para siempre. Su madre me decía que se graduó gracias a mí. También pensé que nunca lo haría, sin embargo llegó a ser un empresario exitoso y trabajador como él solo lo sabía ser. Cuando me sentía grave en la clínica, lo llamé para que me ayudara con mis pendientes y siempre me repetía que se moriría antes que yo y que le había salvado la vida 3 veces. Llevó su enfermedad en soledad absoluta hasta poco tiempo antes de morir, y cuando me fue a ver a la clínica hace poco más de dos meses, ya sabía que se estaba muriendo de cáncer, pero me lo dijo hace poco, creo que fui el primero a quien le confió esto.
Cuando me lo dijo, yo venía sufriendo una gran pena y no tenía la mas puta idea que se estaba muriendo, me invitó a cazar un Wapiti, “para despedirnos” me dijo, más preocupado por mí que por él mismo. Pero la enfermedad hizo lo que nadie pudo, lo dejó sin cazar, simplemente no llegó. El viernes y con engaños, logró escaparse de la clínica, llegó a su casa, le pusieron morfina o sabe Dios qué y se cambió, agarró un rifle viejo y se fue a cazar. Encontramos su auto en la entrada de la quebrada, en el lugar de siempre. Solo le duraron las fuerzas unas horas hasta llegar a la aguada del Pati grande, donde lo encontramos “dormido”. ¿Por qué no me avisaste Reconchi?, le recriminé cuando mi compadre Félix ataba su cuerpo a la yegua. ¿No era que nos íbamos a “despedir” juntos cazando? Y mi compadre Félix me dijo: ¿”Y no llegó a tu lado para eso?, ¿cuando has visto un cachón de esos antes de la aguada del pati?, ¿y huachito y manso como un cordero?
Luego recordé que cuando llegamos a cazar por primera vez a Chavín, la gente creía que los venados eran la reencarnación de sus muertos, nadie cazaba hasta que entramos con Jorge y el chino Masa. Luego los chinchanos hicieron mierda los venados, los guanacos y las perdices. Félix decía lo mismo y yo recuerdo que algo así me dijeron también en Cerro Negro y Potreros.
¿Sabes cholo?, le dije a Félix, ahora cazar venados sería para mí como matar un cristiano…
Llegamos a la carretera como a las 6 de la tarde y ya los tombos nos estaban esperando. “Murió en su ley” les dijo mi cholo.
Luis Gerardo Castillo

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