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Capitulo 9: El retrato del leon

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EL RETRATO DEL LEON (Acotama, 1988)

 

Fifooooooooooooooooo un pumaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, le gritaba asustado sin poder salir de donde me encontraba, “el retrato del León” es una formación rocosa que tiene exactamente la forma de la cabeza de un puma, pero solo se le puede ver en determinado ángulo y a determinada hora, en que el sol y las sombras la dibujan claramente en lo alto de un cerro. Esta era la referencia que debía buscar para ascender al lomo de la izquierda de la quebrada y encontrarme con Fifo y Jorge para regresar al valle y terminar la cacería. Los venados nos habían sido esquivos por la zona que normalmente cazamos al ahuyentarse por el ruido de un helicóptero en patrulla y decidimos  bajar por un sitio nuevo, pasando por el desfiladero de la “Cresta del Cóndor” y buscar una aguada en una quebrada paralela y muy prometedora.

“El león nos arrió los venados”, me dijo Fifo, “hace dos semanas que está dañando las majadas” que son los campamentos de los chivateros que pastorean su ganado en estas lomas. Los rastros de los pumas se veían frescos por toda la quebrada, tanto de subida como de bajada ¿y venados?, ¡ni la sombra! Nos separamos por dos zanjones paralelos con algo de monte y decidimos intentar el último lance, a ver si encontrábamos algún venado de bajada. Jorge venia cabizbajo, meditabundo, cansado y sin ganas de cazar por el susto de la mañana, cuando casi nos fuimos los tres al fondo de un barranco al cruzar el desfiladero. “Estamos salados”, me dijo, “y ya no me queda agua, voy a bajar rápido para mandar a buscar el caballo del Huayano y las cosas” y se fue por el camino fácil, Fifo y yo decidimos bajar dando una buscadita final.

Yo venía mirando en el zanjo y tirando algunas piedras a ver si levantaba algún venado macho con el ruido, a esta hora están sombreando o dormidos en los montes, y distraído, buscando el mentado retrato del león, en un sitio con una pendiente pronunciada y de material muy resbaladizo, cuando de pronto me vino un escalofrío y presentí algo, pensé que estaba por caerme y darme un resbalón, baje la mirada y fue cuando nos vimos cara a cara. Un tremendo puma venia bajando por el lecho de la quebrada y me miraba fijamente y yo casi de espaldas y con el rifle al hombro a menos de 20 metros. Ya le estaba echando la culpa de la mala suerte a ese rifle que me prestó mi hermano y que utilizaba por primera vez, un Husqvarna 270w al que le habíamos cortado dos pulgadas el caño porque estaba anillado y de pronto mi tan ansiado puma, que lo había buscado día tras día, que le preparé cebos de cabritos, pavos, patos y le hice la guardia en los restos de sus cacerías tantas veces, se me presentaba con ganas de comerme y acechando. Me felicité por la gran suerte y tan rápido como pude, pero lentamente, y aunque parezca una contradicción, baje mi rifle y apunté al cuello del gran gato. Como era un tiro de arriba hacia abajo y estaba parcialmente cubierto por los montes, consideré que era el tiro más seguro. Sin quitarme la mirada, ni yo a él, tiré del gatillo lo más rápido y suavemente que pude, hasta que el tiro me sorprendió. El puma dio un salto y regresó por donde venía cubriéndose tras un peñón y se puso a rugir muy fuerte. Lo tengo herido pensé, y casi inmediatamente vi otro puma casi al frente mío y por la banda intentando escapar por la pendiente. Pasé bala y esta vez más tranquilo, me senté y le metí el tiro, luego comprobé que le entró  por la nuca y le salió por un ojo. El animal se desplomó inmediatamente cayendo en un lugar donde no lo podía ver, pero movía y estremecía el monte fuertemente. Eran dos y el otro seguía gritando y rugiendo y el ruido retumbaba en la encajonada quebrada y yo en una posición en la que no podía regresar ni bajar y pensaba que ahora si me comía un puma.

Y empecé a gritar a mi guía: FIFOOOOOOOOO UN PUMAAAAAAAAAAA,  y mi cholo que no aparecía ¡por la gran puta!, cuando de repente lo siento que venía bajando apresurado. “¿Que fue don Luchito?, ¿cuántas puntas?”, no cholo carajo, dos pumas me quieren comer, a uno lo tengo jodido aquí abajo, pero el otro está herido detrás de ese peñón, éntrale por encima y tírale una piedra, yo aquí lo emparo y le termino de sacar su mierda, ¡pero corre carajo!, mi cholo partió a la carrera a cumplir mis órdenes y yo sentado y temblando por la emoción y el miedo me disponía a rematar al herido cuando saliera al punto donde nos vimos por primera vez. Ya no rugía, se había esfumado, me incorporé como pude y llegue donde Fifo, que me dijo cachaciento: “¿no será el susto don Luchito?, mire que está usted pálido, no se ve el león por ningún lado”, cholo le dije, debe estar muerto, subimos buscando una bajada al zanjón y nos dispusimos a buscar los dos animales, le conté el tiroteo y cogió un palo y decidido empezó a buscar bajando hasta llegar al punto del primer tiro, me señaló exacto donde cayó mi bala, el revuelco del puma y lo siguió rastreando de regreso, “no hay sangre”, me dijo serio, ¿ahora si me crees cholo mostrenco?, y él imperturbable mirando y buscando, casi leyendo, los rastros de la huida, cuando de pronto nos encontramos con una pequeña cueva que no vimos al bajar, “esta encuevao”, me dijo, “vas a tener que entrar, pero cuidado porque esta sanito”, era imposible entrar sin agacharse y no se veía nada desde donde estábamos y meterse “gateando” era para mi modo de ver suicida, me retiré unos pasos hacia atrás y me dispuse a meter un tiro a ciegas al medio del hueco, pensaba por lo menos espantarlo y al salir darle fin con otro tiro. Disparé al cálculo, un nuevo rugido, un pequeño laberinto y luego silencio total. “Lo cagaste“ me dijo mi cholo y se dirigió a la entrada de la cuevita con el palo, le di mi rifle preparado y sin seguro, saqué mi Beretta, esperamos unos minutos y por fin me decidí a hacer algo, por decir lo menos, arriesgado y metí primero temeroso la cabeza, no veía ni mierda, pero se me fue acostumbrando la vista   y luego metí medio cuerpo, seguí entrando hasta que solo me veía los pies. Vi que al fondo de la cueva de unos 6 u 8 metros a lo sumo había algo de luz. “Se ha ido”, le dije, ¿Cómo?, ¿estás cojudo carajo?, ¡por aquí no ha salido!, me dijo mucho más nervioso que yo. “Hay otra salida” le dije incorporándome, salimos, le dimos la vuelta al lugar y efectivamente volvimos a encontrar los rastros que denotaban una huida al trote, buscamos sangre y nada, se fue ileso.

Vamos por el otro, le dije, y empezamos a buscar, de abajo no me orientaba bien el lugar exacto, así que regrese al mismo sitio de donde disparé y al encontrar mis casquillos le señale el sitio exacto a Fifo donde vi los últimos estertores del animal. “No hay nada don Luchito, seguro era el mismo”, me dijo, “nos a cojudeao”, ni de a vainas cholo, le respondí, a este lo sequé en el sitio, no te muevas de ahí. Regresé al fondo de la quebrada dando el rodeo de antes y cuando llegué al lado de mi cholo lo encontré con la sonrisa desdentada de siempre cuando encontramos los venados, lo tenía a los pies y era enorme, macho. Pero el otro era más grande, seguramente la pareja. No podía más de contento, le dije a Fifo que corriera a buscar a Jorge y me quedé contemplando el bello animal, las piernas me temblaban. Miré para arriba y me encontré con el verdadero retrato del león, parecía mirarme, se notaban claramente las orejas, los ojos, los dientes y hasta parecía sonreír.

Cuando llegaron, Jorge partió a buscar un burro para cargarlo, ya estábamos cerca de Casa Vieja, cuando llegamos, era de noche y había fiesta. Los pastores se pasaron la voz y me regalaron 7 cabritos, compraron cerveza y festejamos. Uno lo preparó mi comadre Justina como “pachamanca a la olla” y los otros seis los crió el Fifo. Lo que me sorprendió más fue el riquísimo sabor de la carne del puma, de primera intención me negué a comerlo, luego de que lo probé, lo considero una de las carnes de monte más agradables. Cogí el resto que quedaba y me lo traje a Lima para comerlo con los amigos. El trofeo se lo regalé a Jorge años después, cuando cacé mi segundo puma, pero esa es otra historia.

Luis Gerardo Castillo

Comentarios (2)Add Comment
Sifuentes
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escrito por Abel , febrero 26, 2010
Lucho, Muchas gracias por compartir tus experiencias cinegeticas con todos nosotros. Espero pronto se publiquen tus cuentos, por que yo sepa, seria el primer libro de este genero en nuestro pais. Date prisa por que hay un pata que tu tambien conoces que tiene la misma idea.
saludos,
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luchocas
Gracias Abelito
escrito por Luis Gerardo , febrero 27, 2010
como podras ver mas adelante, el profe es uno de mis personajes en los "cuentos", el libro ya lo imprimí para mis padres, ya tengo el segundo terminado y me voy por el tercero de caza menor.
Te aviso cuando los tenga impresos.
Saludos y buena caza!!
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