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Capitulo 11: Los venados de Chiuchin

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Los venados de Chiuchin

Chiuchín está en la sierra de Lima, camino a los baños termales de Churín, poco antes hay un desvío a la derecha y a unos 20 o 25 km. De la ruta a Oyón, se encuentra este pueblito maravilloso. Llegué aquí por primera vez sin intenciones de cazar, sólo turisteando, pero en el hotel del pueblo, en ese tiempo regentado o propiedad de la Srta. Polastri encontré en su comedor algunas fotos de un cazador conocido. Preguntando llegué a ubicar a sus guías y me enteré de quienes llegaban por esos lares en busca de los venados. También hay mucha perdiz en los pueblos cercanos, como Picoy y Maray. Más arriba se encuentra Huancahuasi con su manjar blanco y mantequillas sensacionales y aunque en esa época sin carretera, continuando y algo ya más alto, se encuentra Rapaz, con su maravillosa iglesia colonial, pintada hasta en las bancas y conocida como la “capilla Sixtina” de nuestra sierra. Lugar donde nació Aeropajito Retuerto. En los alrededores de Rapaz hay también muchas tarucas. El lugar es de una campiña muy bonita, con lindos campos y pastos naturales para el ganado y los venados. Tiene un rio donde es posible la pesca de truchas y también posee aguas termales y unos baños que son, según mi humilde opinión, mucho mejores y más higiénicos que los de Churín. Este era uno de los lugares predilectos para las escapadas de Fujimori quien ayudo a construir unos albergues que eran utilizados por él o sus enviados para el relajo.

El trucha Pro, Romel, Benito y algunos otros eran los guías venaderos, y a mi regreso de esta primera incursión exploratoria, hablé con Fito y contándole de todas mis averiguaciones y hallazgos, armamos una salida a la semana siguiente. Hablamos con las mismas personas de mi viaje anterior y localizamos los lugares de quienes nos antecedieron en la zona para cazar y planificamos nuestra salida para esa misma tarde.

Nos instalamos en el hotel del pueblo que era muy bonito, limpio y cómodo, con una alimentación preparada en su propia cocina y que era de lo más rica y económica. Incluso la Srta. Polastri tenía un teléfono en Lima a donde con anticipación se anunciaba la llegada y ella mandaba preparar los cuartos sin problema.

Luego del almuerzo, llegaron nuestros guías y salimos por la tarde al cerro del frente. Se accedía al lugar cruzando un puente que conducía a los baños y piscinas municipales y luego se ascendía por un camino de herradura ancho y bien marcado, pero con alguna pendiente. Fuimos subiendo poco a poco y Fito acusó pronto el rigor de la altura y el camino y se fue retrasando un poco. Coordinamos para que él siguiera a media falda y yo por unos 150 o 200 metros más alto, pero en paralelo. Fuimos avanzando buscando rastros y los venados y nada, salvo algunas huellas antiguas. Hasta que ya algo avanzada la tarde y pensando en regresar, mi guía encontró unos rastros frescos y los empezamos a seguir. Continuamos la búsqueda por unas lomadas algo suaves y entrábamos a cada depresión en el terreno con la esperanza de encontrarlo ya sea comiendo o caminando en cualquier momento. Hasta que de buenas a primeras nos saltó el susodicho a unos 50 metros de distancia y en un carrera infernal, no alcancé a tirarle y corrí un poco a tomar una posición con mas visibilidad hacia el lugar por donde huía y le volví a ver la banderita blanca en sube y baja, lo encañoné y solté dos tiros al bulto y el venado desapareció. Todavía tenía mi FN en 7.65 con balas militares y el muchacho que me acompañaba corrió detrás, lo alcanzó y al poco rato empezó a gritarme:

¡”Está herido, está herido”!, pero cuando llegué al lugar, pensando que el venado se nos iba, lo encontré que ya lo tenía tomado de las patas y sólo estaba con los estertores de la muerte. Era un machito con un par de clavitos por cachos y fue mi segundo venado.

Al poco rato llegó el tío Fito y me ayudo con el rifle y yo me lo subí a los hombros y empezamos el regreso. Llegando al hotel nos preparamos los lomos y organizamos la salida del día siguiente, pero en aquella ocasión Fito se volvió a quedar con las ganas de debutar y a pesar que me consta que le hizo empeño, no vimos nada más para cazar y retornamos a Lima.

Luego volveríamos con Moisés que sólo había cazado en el Cusco y en la sierra de Ambar luego de días de caminata y se pegó en el sitio cazando varios venados. También regresamos con Roberto, aquí debutó el chino Masa y creo que Guco con mis guías y regresamos y cazamos varios bonitos venados en los diferentes lugares a los que fuimos llegando y descubriendo. En otra ocasión subimos con Moises cruzando un puente de tronco en el rio y ascendiendo por unos barrancos que hasta ahora los recuerdo y me asusto. Otra fecha se quemó una de las cabañas de los pastores de Huancahuasi y en fin, sufrimos una serie de peripecias y cazamos por algún tiempo en aquella linda zona.


Luis Gerardo Castillo

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