VENADOS DE ARENA
Lupín es una quebrada de costa, que es prácticamente un desierto, sin embargo los venados cola blanca se han adaptado a este ambiente, sorprendiéndonos una vez más por su facilidad para habituarse en los medios más diversos y en este caso hostiles como nuestro desierto costero. No hay agua y la vegetación es muy escaza, salvo por las diferentes cactáceas como los gigantones y las pitajayas y uno que otro arbusto. Los venados aquí llegan de las partes altas cuando el forraje y los pastos escasean en las zonas algo más elevadas y vienen en la temporada que las pitajayas florecen y producen un pequeño fruto de color rojo, redondos y jugosos como una tuna pequeña. Los venados y a pesar de no haber agua, los encuentras con el estómago lleno de liquido, el mismo que es extraído de estos frutos o las flores de las pitajayas. Los venados sólo se mueven en las noches, para evitar el sofocante calor del día y es común observar las huellas de sus recorridos rodeando sistemáticamente los manchones de los cactus de donde obtienen su alimento. La coloración y el tipo de pelaje que se observa en estos venados están adaptados incluso al color de los arenales.
La manera de cazarlos a rececho es para mí una de las más difíciles, ya que los vientos cruzados, la poca vegetación para ocultarse, la poca densidad que soportan estos lugares y la facilidad con que te pueden escuchar, ver u olfatear es enorme y demandan por parte del cazador las mayores habilidades de rastreo, resistencia física y puntería, ya que por regla general, los tiros son con los venados levantados y a la carrera. Es común por lo tanto rastrearlos o buscarlos durante el día y con escaso o nulo movimiento de nuestras presas y por los rastros y en los lugares donde buscan refugio por el calor.
En esta ocasión y como en muchas otras, llegábamos por la tarde en camioneta a la quebrada y como el ruido del vehículo nos delataba, sólo nos limitábamos a hacer nuestro campamento y prepararnos para la cacería al día siguiente y de madrugada. Fueron de la partida Don Lucho, Mario, José A. O., su hermano menor José I. y el que esto escribe. El campamento lo hicimos al aire libre y sin carpa, por el calor y yo sólo armé mi catre de campaña para aislarme de posibles víboras o escorpiones que abundan en la zona. Se preparó una cena ligera y a dormir con las estrellas, teníamos una luna impresionante esa noche, la misma que aprovechan los venados para moverse y recorrer el lugar en busca de su alimento.
Casi de madrugada nos despertó a todos un fuerte temblor, que nos apuró a salir de la cama y levantarnos. Empezamos a preparar el desayuno y José A. sin esperar a servirse y a una planificación previa de nuestra estrategia en esta partida, se levantó y empezó a campear buscando quebrada arriba. Luego el resto nos distribuimos y bueno, todos nos quejamos de que se adelantara y peor aún cuando empezamos a escuchar unos tiros y todos pensamos que estaría metiéndole plomo a un zorro o algo por el estilo, ya que fueron varios y además por la distancia y la escaza luz del momento no lográbamos ver nada.
Como yo era el que estaba más cerca, apreté el paso con la finalidad de resondrarlo por lo actuado y exponernos a todos a no cazar aquel día, pero grande fue mi sorpresa al verlo correteando por uno de los faldeos laterales de la quebrada a un venado que ya lo tenía herido. Alcancé a ver cómo lo terminó de liquidar con un segundo impacto de remate que lo dejó en el sitio. Al acercarme para ayudarlo me contó que el venado lo encontró en el medio de la quebrada y seguro rumbo a su dormidero alcanzando a meterle un rozón con el primer tiro que lo puso en huida e imposibilitando por la carrera en acertarle nuevamente. Lo rastreó y consiguió encontrarlo nuevamente y liquidarlo en el preciso momento en que yo lo vi. Era un 7 puntas muy bonito. Tomamos las fotos y dimos por concluida la jornada luego de tanta balacera. Las felicitaciones del caso a nuestro “apurado” amigo y las explicaciones para que y a pesar del éxito logrado, nos espere al resto para planificar mejor las cosas.

En otra ocasión dejamos con Don Lucho a Hugo y Mauro tras el “pirata”, un venado que Mauro decía que era cojo porque sus rastros arrastraban una mano, dejando una raya en la arena, luego confirmaríamos que era así cuando el mismo Mauro logró darle caza tiempo después, pero esa es otra historia. La cosa es que ellos peinarían las zonas bautizadas como “
El acuerdo era que ellos cruzaran, luego de peinar ambas zonas y descendieran a la quebrada de los gigantones a darnos el encuentro, nosotros estaríamos de reten en caso ellos espantaran los venados hacia este lugar como ya nos había sucedido algunas veces. La cosa es que en camino al lugar acordado y estando yo al volante, se nos levanto un venadazo de la misma carretera. Andaba durmiendo en una sombra generada por un desnivel en la trocha producto de la bajada de algún huayco antiguo, personalmente me sorprendí al ver algo en movimiento tan cerca y casi lo atropello sino freno en seco. Bajamos inmediatamente del auto y Don Lucho le metió un par de tiros con
Comimos un pedazo de sandía y esperamos unos minutos a que se echara y luego partimos tras los rastros, encontramos sus huellas que se confundían por la cantidad de rastros, pero tomaron una pequeña pendiente en una quebradita arenosa que subimos sin problemas y al terminar la cuesta entramos en un terreno que nunca habíamos conocido, el lugar estaba lleno de camas y cacas de venado por todos lados, era como el “hotel” donde llegaban a dormir todos los venados de la zona. No tardamos en encontrarlo y se levantó muy cerca nuestro bicho, Don Lucho tiró primero fallando y luego yo con mi rifle ahora ya sin la mira y el tiro pegó altísimo, luego mi maestro falló nuevamente y yo le metí el segundo al cálculo y lo revolqué, pensé que lo tenía listo, pero se levantó de nuevo y huyó tras una falda y de vuelta a la quebrada por donde entró. Corrí y a duras penas llegué al portillo en dos minutos, pero del venado no había ni la sombra, pensé que estaría muerto muy cerca, pero no se veía nada, y el terreno era una ladera con cascajo y muy mala para rastrear.
Como era la hora aproximada para el regreso de los amigos al auto y estábamos algo lejos, decidimos volver con ellos a buscarlo. Al encontrarlos en el lugar acordado decidimos volver de inmediato y luego de comer algo y descansar un poco, partimos Hugo y yo a recorrer los rastros. Entramos por donde encontramos el “hotel”, que desde aquella cacería se quedó con ese nombre y pronto Hugo encontró el rastro de sangre, lo seguimos hasta que se echó de nuevo y encontramos ya un charco seco y negro de la herida, Hugo hizo un trabajo de maravilla ubicando cada gota o huella de nuestro venado y salimos al pedregal y lento, pero seguro fue siguiendo cada gotita de sangre del animal. Luego al bajar a la quebrada los rastros eran muy notorios y los seguimos algo más rápido, los mismos atravesaron la quebrada de lado a lado e ingresaron a un zanjón que Don Lucho conocía como “pozo”, ya que los chivateros en tiempo de lomas tienen un campamento por el lugar y han construido un pozo de unos 5 o
Nos dieron casi las 5 de la tarde y no lo encontrábamos y decidimos dejar una marca y avanzar a buscarlo en las zonas aparentes del lugar que no eran pocas. Fuimos a cada sombra o monte, buscamos en las piedras grandes y hasta que ya era casi de noche no fue que Hugo lo encontró ya muerto y desangrado. Lo habíamos seguido por 10 horas. El primer tiro de Don Lucho lo pescó en la pierna sin partirle ningún hueso, por eso aunque con dificultad, el venado siguió corriendo. El otro tiro lo atravesó por la panza y creo que fue el que lo debilitó más. Lo evisceramos y nos turnamos en cargarlo de bajada al carro, donde llegamos ya bien entrada la noche. El venado se lo asignamos a Don Lucho por tener “la primera sangre” y aunque yo le metí otro tiro, el verdadero trabajo y la asignación del venado, por lo menos para mí y sin considerar los usos y costumbres, era para Hugo por el excepcional trabajo de rastrearlo que hizo y completó con éxito. El venado era grande y de seis puntas, cacho forrado. Color de arena…
Luis Gerardo Castillo

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