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Capitulo 18: Semana Santa con Pepe

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Semana Santa con Pepe

Siempre salí a cazar para la Semana Santa, porque en primer lugar nunca fui muy devoto en esa época y por otro lado porque es el feriado mas largo del calendario y por lo general es muy cerca de mi cumpleaños, que por cábala lo celebraba con cualquier carne de monte. En esta ocasión planificamos el viaje con Hugo, José y Pepe, iríamos a cazar a Murpa, lugar donde cazó Pepe no muchos años atrás como 11 venados, algunos de los cuales muy buenos. Según Pepe el mejor lugar donde alguna vez cazó en su vida, y lo quería compartir con nosotros. Murpa queda en la sierra de Ancash, se accede por la quebrada de Lupìn. Nuestro guía sería Mariano Padilla, conocedor de la zona y lo intentaríamos por una nueva ruta, ya que la anterior oportunidad Pepe accedió a la zona desde Chasquitambo, en el camino a Huaraz. Por este lado, si bien era más largo, había una buena posibilidad de acortar las distancias con la camioneta, y luego continuar a pie. El lugarcito es bastante apartado desde cualquier punto, incluso intentamos llegar por helicóptero, cosa que se descartó por los elevados costos. Mariano, nuestro guía fue contactado para las coordinaciones del caso y se quedó en que llegaría desde Chasquitambo, por los cerros con un burro y una yegua para Pepe, la yegua estaba con cría al pié. Nosotros avanzaríamos lo más posible hasta darle el encuentro y llevando pasto para las bestias, ya que en el camino era difícil encontrarlo.

Salimos de Lima el miércoles y llegamos a descansar en casa de Pepe, el “venadito” su guía y ayudante personal ya nos estaba esperando. Salimos de Pativilca a las 5 de la mañana y en el camino fuimos chequeando los rastros de los venados en la parte baja de Lupin y Cuta. El camino en parte estaba señalizado por otros cazadores de la zona, como los hermanos Huby y Willy Velarde, así que avanzamos bastante, pero al lugar donde nos dirigíamos nadie había llegado antes, salvo Pepe. Nos encontramos con Mariano en el lugar y a la hora acordada y seguimos avanzando con el auto lo más posible. Como a las 5 de la tarde, ya no teníamos forma de seguir acortando las distancias y decidimos continuar a pie. Le dimos de comer a las bestias, e hicimos lo propio nosotros, consultamos el mapa por última vez y ubicamos los puntos de referencia como el cerro “Avianca”, llamado así desde que un avión de aquella compañía se estrelló en el lugar, o el cerro “Ratonera”. Sacamos las provisiones y algo de agua para los días siguientes y cargamos las bestias con las cosas, Pepe ensilló la yegua y partimos.

Hicimos campamento en unos lomos y a media falda porque nos agarró la noche y el lugar era de mucha pendiente. Había espacio solo para las carpas, cocinamos algo y a soñar con los grandes. De madrugada y antes que nos agarre el calor, emprendimos nuestra marcha, coronamos uno de los lomos y continuamos por la cresta de los cerros hasta llegar a un portillo de donde nos separamos de Mariano que fue a ver si encontraba agua en las puquios, ya que era un año seco y sin agua estábamos fritos. El acuerdo era que si la encontraba, haría un fuego, de lo contrario regresaríamos a cazar la zona baja. Mariano no encontró agua en las dos primeras, pero en la tercera si y decidimos continuar guiándonos por sus huellas y el humo de su fogata. En el camino encontramos algunos burros alzados y eso no nos gustó, pero también hayamos algunos rastros y Venadito fue tras uno con su escopeta y a tentar suerte. Luego y en el camino, antes de pasar a la última quebrada donde teníamos el agua, yo encontré un esqueleto entero de un venado en medio de unos montes, era un cachudo muy bueno, seguramente cazado por algún puma, lo cual nos animó aún mas.

Al llegar a la tercera aguada esta era un barro hediondo, solo eso y estaba lleno de huellas de los burros. Incluso encontramos en el barro y antes de limpiarlo y profundizarlo un poco para juntar agua, una víbora. Mal agüero…

Juntamos el agua y consumimos lo que nos quedaba y como a las 7 hicimos campamento sin haber logrado llegar a nuestro destino. Venadito llegó al rato sin haber cazado nada, pero si viendo una venada y algunos rastros. Mariano se hizo cargo de los animales y les buscó algo de pasto, por lo demás muy escaso a causa de los burros y la sequía. Cenamos e hicimos la estrategia del día siguiente, Sábado de Gloria. Venadito y Pepe, ya algo cansado, se quedarían por la zona y revisando los rastros encontrados por venadito y José, Hugo y el que esto escribe, saldríamos de madrugada con Mariano a tratar de hacer la cacería en Murpa.

Salimos con ración de agua y algo de fruta como a las 5 AM, luego de un desayuno fuerte, a pesar de los jugos de sobre y haber hervido el agua, esta tenía un sabor horrible y abombado, pero era eso o nada. En el carro a más de una jornada de marcha forzada, teníamos agua fresca para el retorno. Llegamos a la zona como a las 2 horas de trepada, un lugar muy lindo y con mejores pastos. Prometía. Tomamos un descanso y reconocimos la zona de las cacerías de Pepe con Mariano y en el camino cortamos un rastro fresco, lo seguimos todos un rato y me dejaron a mi esperando en un punto por donde tenía una buena visión de la zona “caliente” y ellos fueron a dar un rodeo tras las huellas. La idea era que retornaran por donde yo me encontraba, pero no fue así, los rastros hicieron un cambio de dirección y era un poco lejos para avisarme, así que luego de explorar por mi cuenta, decidí volver al punto por donde llegamos y tratar de darles el alcance. La zona era linda, pero los rastros eran antiguos y escasos, pero llegando casi al punto por donde ellos se fueron para arriba, encontré otros rastros fresquitos y me pegué a seguirlos, además iban por donde yo quería ir, así que pasé bala y me fui despacito tras las huellas tratando de ver al venado que acababa de pasar delante de mí. De pronto vi un guarango pequeño delante mío con sombra y me preparé mas que nada por el instinto, que algo me decía y me fui sin mirar el piso y sin sacarle la vista al arbolito, tratando de ver al venado, y en esas cavilaciones andaba cuando pise una piedra y el venado saltó y corrió velozmente alejándose de mi. Lo apunté y al tercer salto ya era mío, lo estampé en el aire. Metí mi grito clásico y me acerqué a mirarlo, era un macho chico, pero zapatón y me apresuré en dispararle, pero no me arrepentí, estábamos necesitando carne y ya no era mucho lo que nos quedaba por recorrer. Lo jalé a la sombra en espera de mis compañeros, miré la hora y eran como las 11 AM, no debían estar lejos. Me dispuse a dormir un rato luego de sacarle las tripas al bicho y pagarle a los Apus como acostumbran en esta tierra.

Eran las cuatro cuando decidí volver solo, me puse mi venado al hombro y empecé el retorno al campamento, pensé que ellos habrían bajado por otro lado, pero no fue así. José y Hugo siguieron los rastros toda la mañana y cuando decidieron separarse, José encontró el venado y lo cazó, cosa que a Hugo parece que no le gustó. Tampoco era muy grande, pero seguro que Hugo tenía seguridad de encontrar algo mejor y esto lo frustraba por los tiros. Escondieron el venado a la sombra y siguieron buscando, pero sin suerte. Cuando decidieron volver, se dieron cuenta que yo ya tenía uno y esto molestó aun más a Hugo, que es un gran caminante y tiene mucha experiencia por su infancia y adolescencia cazando en su Huancayo querido, siempre nos puso sitios lindos y es buen cazador, pero a veces la suerte acompaña a otro u otro es el que hace las cosas mejor o no lo sé, pero nunca me molesto ni hago burla a otros cazadores si cazan o no, aunque sea de casualidad o en el camino. Y este lugar no era precisamente el “camino”, si saca el lector cuentas que era nuestro tercer día de caminatas para llegar al sitio a cazar.

Cuando llegué al campamento casi de noche, Pepe me preguntó por el resto y no sabia nada de ellos desde las 9 de la mañana o algo así, pero al poco rato llegaron. Saludos, felicitaciones mutuas y envidia por otro lado.

Hicimos una suculenta comida con los lomos y nos fuimos a descansar, Pepe no había visto nada bueno tampoco pero de regreso tendríamos todos una nueva oportunidad de ver algo. Nos levantamos muy temprano con la poca agua que quedaba iniciamos el regreso, partimos casi oscuro y lo dejamos a Venadito y a Mariano a cargo de levantar el campamento y el resto nos regresamos campeando. Parece que Hugo vio y le tiró a uno, pero muy lejos, por lo menos es lo que se ve en el video que Hugo se encargó de filmar desde que alineamos los rifles en Lima antes de nuestra partida. José y yo no le hicimos mucho empeño porque ya teníamos algo y la verdad estábamos cansados. Muy pronto se nos terminó el agua que quedaba y tuvimos que hacer el retorno sin descanso y con la esperanza de encontrar agua fresca en la camioneta. Llegamos al punto de partida como a las 5 de la tarde y con la lengua literalmente afuera. Poco a poco fueron llegando todos. Mariano dejó nuestras cosas y partió de regreso por los cerros a su tierra. Un tipazo Mariano, muy buen guía y amigo. Preparamos las cosas y partimos pronto de regreso con intención de llegar a la zona más o menos conocida con algo de luz. Dormimos nuevamente en casa de Pepe y partimos el lunes de regreso a Lima, contentos unos, picones otros, pero con una gran satisfacción por la experiencia adquirida, los lugares conocidos y la gente. Luego Hugo nos editó el video para todos.

Luis Gerardo Castillo

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