EL LEON DE PEPE
José Bozeta es todo un personaje. Residente en la vecina localidad de Pativilca, Pepe es un gran cazador de rifle y escopeta. Heredó la afición de su padre que cazaba venados y guanacos con galgos en las haciendas azucareras del norte chico. Su edad es incalculable, pero es bastante mayor que yo, su voz parece un trueno y es alto moreno y fornido, de manos angulosas y fuerte como un toro, pero yo lo conocí ya algo cansado y siempre tiene que disponer de un caballo y va con su montura a todas partes. Es de carácter alegre y jovial y muy bueno para contar sus anécdotas y aventuras que recuerda con oportunidad y precisión. Su carcajada es un estruendo y contagia al más sereno. Es muy técnico con el uso y selección de sus armas y municiones y le gustan buenas y finas. Dedicado profesionalmente a la metal mecánica y construcción industrial, por motivos de su trabajo se recorre diversos lugares de nuestro país, donde practica cada vez que puede, el deporte que nos apasiona, la cacería. Se jacta de haber dejado “roja” la cordillera Blanca, y yo le agregaría que la negra también, ya que es la zona de sus recorridos, principalmente por la cercanía a su residencia. También es un gallero de primera línea y su galpón es uno de los más conocidos por la fiereza y habilidad en el combate de sus navajeros.
En esta ocasión, Pepe me estuvo tentando a que lo acompañara a cazar unos leones, repito LEONES, de los africanos, con melena y todo. La historia empieza con un vecino de Pepe, propietario de un circo de pueblo que contaba entre sus atracciones con una pareja de leones ya bastante maltrechos. Por razones que desconozco, este señor se retiró del negocio y aburrido de criar a los leones, un buen día decidió soltarlos algo lejos de su casa, la verdad, le dio pena sacrificarlos y nadie se los quiso comprar ni aceptar siquiera regalados.
La cosa es que al poco tiempo se escucharon historias de que los habían visto y empezaron asustando a la gente, no porque los atacara, sino por su sola presencia, y estando acostumbrados a las personas, no les temían y fueron dando cuenta de cuánto animal doméstico se pusiera al alcance de sus garras y despostillados colmillos. Pavos, patos, burros y hasta perros y gatos desaparecían a causa de los felinos. Como todos sabían de los leones, ya que eran la atracción del pueblo y un buen día ya no estaban, el primer sospechoso fue este amigo, a quien llamaremos Juan. Al principio negó todo, pero al comprobar que eran sus leones y que se habían movilizado desde el punto donde los soltó, trató de recapturarlos con la finalidad de llevárselos más lejos. Cosa que le resultó infructuosa.
Al principio llegó donde Pepe por su fama de cazador de la zona, con intención de querérselos vender, y fue cuando me llamó. Le conté la historia del chino Masa y su tigre de bengala, que un español de apellido Torrejón le había querido vender, todo un plan muy bien estructurado para estafar algunos incautos y que era muy parecido al de esta historia. El hecho es que Pepe lo despachó siguiendo mi consejo y no le hizo caso.
A la siguiente ocasión, Juan, ya denunciado ante las autoridades, llegó ofreciendo los leones de gratis y volví a recibir la llamada de Pepe, que esta vez me dejó más convencido de que podría ser…
No pasó una semana de esto y Juan regresó ya casi rogando y ofreciendo una recompensa a Pepe por ir a liquidar los leones y se fijó la fecha. No recuerdo cual fue la razón por la que no pude ser de la partida, pero Pepe se fue acompañado de dos de sus hijos y de “venadito” uno de sus guías de la zona. Los leones se encontraban en un área muy montosa cerca de un estanque de riego como de dos hectáreas que estaba totalmente rodeado de totora o junco en sus orillas y los leones tenían aquí su guarida. La zona era pastoreada constantemente por los vecinos del lugar, por ser rica en pasto fresco y el venadito no tardó en encontrar los rastros. Cuando se los mostró a Pepe, este dudó de continuar en la cacería, por el gran tamaño de los mismos, sobre todo comparados con los de puma, a los que Pepe si está habituado.
Pero no hubo tiempo de arrepentimientos, ya que al poco tiempo de seguir los rastros frescos, levantaron al león de su dormidero y este empezó a rugir en forma muy fuerte y amenazadora. Tenía unos senderos entre la totora por donde habían ingresado a buscarlo y ya rugía a la izquierda como a la derecha y el monte era tal que no eran capaces de divisarlo, cuando de pronto, llegaron a un limpión de unos 30 por
Cuando ya eran como las 5.30 de la tarde y se aproximaba el ocaso, Venadito se animó a entrar a dar una mirada, se metió por el mismo sendero armado con una escopeta y su cuchillo. A los pocos minutos regresó con la noticia que lo había encontrado dormido y que era seguro rematarlo con un tiro en la cabeza. Inmediatamente volvieron a entrar hasta el descampado, el león se había metido dejando un reguero de sangre en el monte, rompiendo cañas y malezas y yacía echado como a unos
Trajeron ya de noche unos burros y lo sacaron hasta la camioneta y llegando a su casa Pepe emocionado me llamó. Yo no le creía, pero era tal su emoción que le pedí pusiera al teléfono a venadito, quien más sereno me confirmó la noticia y yo casi me moría de la envidia. Pepe quería que le mande al taxidermista urgente para pelarlo, así que lo llamé al cholo Quispe y lo embarqué en un ómnibus. Pepe ya lo estaba esperando, me llamó de vuelta para avisarme que Quispe ya volvía con el cuero y cráneo y no sabía yo qué hacer para que pase el tiempo y llegara de regreso. Cuando lo hizo lo primero que hice fue interrogarlo y me confirmó lo sucedido. El cráneo lucía unos colmillos ya fracturados y totalmente gastados y la melena no era muy grande o frondosa, pero era muy oscura, casi negra y me impresionó el tamaño del cuero, era enorme.
Lo primero que hice fue ya más tranquilo pedirle a Pepe que me contara lo sucedido y ahí fue donde me confirmó que acababa de ver el video y que tenía todo filmado para mí. El cuero del león embalsamado con la boca abierta luce hoy en un chifa de Barranca, propiedad de un amigo cazador de Pepe.
Ahora el negro fanfarrón, se jacta de ser el único que ha cazado un león en el Perú, y lo peor que es cierto. A la leona la fuimos a buscar en otra ocasión, pero esa es otra historia.
Luis Gerardo Castillo

escrito por Luis Gerardo , marzo 23, 2010
Saludos y buena caza!!
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Me hace acordar una ves que mi padre "Mato" un huipo que hacia daño en la hacienda de mi tio y este asi medio muerto le daño el brazo, y no pesaba mas de 3 Kg.....