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Capitulo 20: 6 mulas y un tuco

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6 mulas y un tuco

Regresé a Carhuamayo a buscarlo a Ulises, mi guía de la zona, porque la semana anterior se nos había perdido un buen venado y el Ulises lo rastreó con su perro y lo encontró al día siguiente de mi partida. Fui a recuperar sólo el trofeo, un ocho puntas hermoso y cacho forrado, motivo de otro cuento, ya que la carne la aprovechó mi guía y su familia. Llevé mi rifle por si acaso para dar una vueltita a otra quebrada conocida de la zona y fui como nunca sin compañía. Salí de Lima de madrugada y el Ulises ya me estaba esperando, vimos la cabeza y pensé que realmente valió la pena venir a buscarla porque el venado era realmente grande y bello, era mi primer “cacho forrado”. El padre de Ulises tiene una chacrita camino a Oxapampa, que es la bajada a la selva, donde los venados bajan de vez en cuando a hacer daño y los datos de este guía eran siempre acertados y muy poco exagerados. Me animé a venir porque la verdad que la semana anterior mientras buscábamos el herido, perdimos la oportunidad de entrarle a otro que ya estaba “marcadito y esperando su caramelo”.

Cuando llegamos, el tío ya me tenía el caballo ensillado y sólo fue amarrar las cosas y partir. Luego de una cabalgata de un par de horas, armamos el campamento y salimos. Teníamos que subir el resto de la quebrada por la banda derecha hasta casi el final de la misma, luego tomar un lomo hacia la izquierda y ascender hasta una parcela donde el papá de Ulises tenia una siembra de habas, que era donde estaba entrando este venado a joder. Era la única parcela en esta zona y “segurito que dentra a comer”, me decía el Ulises.

La cosa es que para variar el “aquisito no más” me dejo exhausto y llegamos al lugar luego de andar como 4 horas. Efectivamente, claramente veíamos los rastros de un par de venados que entraban a comer seguido y tenían hasta su caminito, el mismo bajaba por el lomo de la banda frente al lugar por donde habíamos subido. Como era tarde y el rastro estaba muy fresco, pensamos que nos habrían sentido y se fueron de bajada a su dormidero. Decidimos esperar un poco a que se echen y como Ulises me aseguró que por ese lado, también podríamos bajar al campamento, decidimos rastrearlos y darles caza. Aquí quiero resaltar el trabajo y conocimiento del terreno que nos ofrecen los lugareños que nos hacen de guías. Muchas veces ni siquiera son cazadores, pero su conocimiento del terreno y los lugares donde están los “grandes” es primordial. Ulises conocía estos cerros como la palma de su mano, como me lo demostró mas tarde.

La cosa es que los rastros se salieron de los lomos y se metieron a la quebrada por donde habíamos subido, cuando divisamos una zona monteada donde supusimos que dormían los venados, el Ulises se plantó en seco e instintivamente me agaché, miraba fijamente hacia abajo y hacia el frente.

Pasé bala despacito por que no sabía a qué distancia los tenía y el corazón me empezó a latir fuerte por la aproximación del tiro, respiré profundamente para tranquilizarme y en eso regresó gateando unos pasos y me pidió los prismáticos diciéndome con señales y el dedo en la boca, que lo esperara callado. Se parapetó a observar un momento y regresó pálido, tartamudeando, visiblemente nervioso. “Son los cumpas, nos están siguiendo”. Estábamos en zona roja en plena temporada de “Sendero Luminoso” y los cumpas no eran otros que los “compañeros” del partido. Chapé los prismáticos y me incorporé un poco para poder observar, venían unas 6 o 7 personas caminando por donde habíamos subido, todos uniformados y armados. Efectivamente parecía que nos buscaban, venían a paso rápido y el primero de la fila mirando hacia nuestro lado y por delante con larga vistas. Estaban aun muy lejos, pero venían apurados y si hubiéramos bajado por donde subimos, nos hubiéramos encontrado cara a cara. Le dije a Ulises que esperaríamos un poco y luego bajaríamos, si nos movíamos con ellos ahí, nos podrían ver y no sé lo que hubiera pasado. Cuando pensé que ya no era peligroso moverse, puse seguro a mi arma y le hice señas de que se apurara en volver al campamento, me explicó que justo al frente había un camino por donde podríamos bajar rápido y que los perderíamos de seguro. Avanzamos ya sin cuidado de hacer ruido y sin cazar, no se me hubiera ocurrido hacer un tiro, pero cuando estuvimos al frente de mi carpa había a parte de nuestro caballo, como 6 o 7 mulas con aperos y cargadas. Ulises, hombre de campo, me dijo que esperara y se puso a observar, no creía que hubieran dejado las mulas cargadas sin custodia, pero no se veía a nadie. La puerta de la capa estaba abierta y habían echo una fogata. ¡Volverían!

Rápidamente decidí que en esas mulas no habría nada santo, o eran armas o droga y le dije a Ulises que les iba a disparar y regresaríamos rápido y a pié por el camino por donde veníamos. Mi intención era impedirles a los terroristas llevarse esa carga, fuera lo que fuera y hacer la denuncia en Cerro de Pasco o Junín para que una patrulla les de el alcance o la decomisara. Me apoyé en una piedra y le pedí a Ulises que observara para corregir los tiros, le apunté a la primera en la cabeza y cayó redonda, luego la segunda y la tercera, el resto se agitaron y estaban tratando de soltarse cuando me pareció escuchar un tiro. Luego la cuarta y la quinta quedó media herida y pataleando, mientras recargaba escuché esta vez claramente un tiro y corrí la mira y era uno de los tucos disparando a ciegas al lado contrario de donde nos encontrábamos y ocultándose de sus supuestos atacantes con la carpa, pero dándome la espalda. Aproveché de tirarle a la última que cayó seca y me escondí. Para salir del lugar teníamos que pasar un claro donde el guardia nos vería con seguridad, así que le dije a Ulises que se quedara quieto y que esperara. De pronto los tiros empezaron a llegar muy cerca de nuestra posición, oíamos los rebotes un poco arriba de nuestras cabezas, pero lejos. Sin embargo movernos hubiera sido suicida y ¡teníamos que movernos! Ya eran casi las 6 PM y pronto oscurecería sin embargo nos quedaba un largo camino por recorrer de regreso a donde tenía el auto y sobre todo a oscuras. Me deslicé como pude y me puse a observar al guardia que seguía disparando al azar y parece que Ulises quiso hacer lo mismo y esta vez los tiros fueron más precisos y Ulises que ya había sido descubierto en su posición corría un peligro inminente. El guardia no dejaba de disparar y no lo dejaba moverse, aunque estaba cubierto. Antes de que me viera a mi, decidí hacer algo de mi cuenta y le puse la cruz en el pecho y solté el tiro. Al volver a mirar solo le veía los pies saliendo de la carpa, había caído adentro. Le dije a Ulises que mirara y el pobre cholo no me respondía, corrí a verlo pensando lo peor, pero menos mal, solo estaba con los oídos tapados y los ojos cerrados. Lo jaloné del poncho y le quité los prismáticos. El tuco estaba quieto.

Aunque era difícil que el resto del grupo hubiera escuchado los tiros, decidimos salir lo más apresuradamente posible del lugar. Ahí quedaron mi carpa y las cosas y el caballo del viejo de Ulises. Llegamos en tiempo record al pueblo por los caminos y vericuetos conocidos por Ulises en su niñez cuando venía a cuidar su ganado por estos lugares. Prendí mi auto y nunca más volví.

(la Molina 14.12.09)

Luis Gerardo Castillo

Comentarios (1)Add Comment
lito
...
escrito por manuel delgado luy , marzo 20, 2010
Theodore Roosevelt dijo : " El rifle es el arma del hombre libre. Si sabe usarlo en el acecho ,también sabrá usarlo contra el enemigo."
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