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Capitulo 21: ¿Ronderos o Terrucos?

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¿RONDEROS O TERRUCOS?

Por motivos de trabajo o no recuerdo cuáles, Hugo no nos pudo acompañar desde Huancayo y nos fuimos con uno de sus primos, también de la región y que conocía el sitio recomendado por Huguito, éramos de la partida el chino Masa, José, Fito y yo. Era cerca de diciembre, por lo que trajimos desde Lima panetones, chocolate y leche para los niños del pueblo y fuimos en busca de sus autoridades para pedir los permisos correspondientes. Hablamos con el presidente de la comunidad quien en persona nos acompaño aquella tarde a dar un vueltita por la zona de los venados, pero sin poder cazar ninguno, porque se arrancó a llover fuertemente, quedando en encontrarnos al día siguiente de madrugada.

Partimos de regreso al hotel, ya que el lugar era cerca de Huancayo y según lo acordado, volvimos el sábado muy temprano a buscar a nuestro guía, quien se excusó de acompañarnos, dejándonos en su reemplazo a otra persona de su comunidad en compañía. Masa y yo nos fuimos con este muchacho hacia la izquierda y Fito con José y el primo de Hugo irían por la derecha. Así las cosas, empezamos el recorrido en una zona de cultivos de papas y habas con muchos rastros de los venados, y nos fueron llevando hacia una quebrada con montes naturales de donde seguro salían diariamente a comer a las chacras. Tomamos altura y Masa venía en paralelo algo más bajo que yo y como a unos cien metro, cuando de pronto lo veo al guía que se agacha y le empieza a señalar a Masa un venado en la banda del frente. Me apresuré en buscar apoyo sin ubicarlo y cuando encontré un parapeto aparente, me fijé en la ladera del frente y como a unos 150 a 180 metros vi un macho bueno que venía caminado a su dormidero sin haber notado nuestra presencia. Le apunté sin esperar a que se detuviera y tratando de tirarle antes que lo viera Masa y le solté mi primer tiro algo apurado y lo fallé. Alcancé a hacer un segundo tiro y con éste Masa logró ubicarlo al ponerse el venado en carrera y soltó su primer tiro sin pegarle, luego le meto yo el tercero dándole un revolcón y ya era mío. Alcanzó a levantarse y Masa intentó nuevamente y hasta en dos oportunidades, pero ya lo veía bien tocado y cayó unos metros por delante. Cuando lo recogimos, Masa empezó, como era su costumbre con Hugo, con sus teorías de que por el ángulo de la herida y nuestras posiciones el venado fue tocado por él y etc. etc. Menos mal el guía aclaró las cosas y el venado me fue asignado como correspondía en los hechos. Era un seis puntas bien grueso y aun en velvet.

Como era algo temprano, yo me lo cargué y me fui de regreso al pueblo y Masa con nuestro guía seguiría en la búsqueda de otro venado en la zona a la cual nos dirigíamos y que estaba linda.

Al llegar al pueblo, algo ensangrentado con mi carga, encontré una pelotera de gente en la plaza y no era otra cosa que el pueblo rodeando a José y Fito, que habían sido conminados a bajar a punta de escopeta por los ronderos de la comunidad. En la práctica los ronderos eran la seguridad de los pobladores ante las incursiones de Sendero Luminoso y que fueron armados con escopetas de bomba por el estado. Muchos de ellos como lo comprobamos luego y cuando se aclararon las cosas, eran terroristas arrepentidos que volvieron a sus pueblos, alejándose de Sendero y por su experiencia en el uso de las armas y por sentirse amenazados por sus ex ”compañeros” de Sendero, se volvían ronderos, que fueron quienes en realidad derrotaron al terrorismo.

Luego me rodearon a mí, que me uní al grupo sin saber aun lo que pasaba y por lo menos comprobaron que éramos cazadores. Les dijimos que el día anterior habíamos llegado a hablar con sus autoridades y a solicitar el permiso correspondiente, haciendo hincapié en la donación de una “chocolatada navideña” para todos los niños del pueblo. Me querían además decomisar el venado y solicitaban entregáramos las armas, cosa a lo que nos negamos rotundamente y se produjo una discusión por momentos muy agria en la que estuvimos a punto de irnos a las agresiones por ambos lados y con gente armada, esto era una bomba de tiempo. El presidente brillaba, pero por su ausencia y la gente decía que sin permiso no era posible ir a cazar en sus predios, a lo que nosotros alegamos que el permiso lo solicitamos con sus autoridades, pero ellos insistían que el permiso sólo lo podía dar la asamblea general y no su presidente. ¿¡Entonces para qué recórcholis tienen autoridades!?

 

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Menos mal la cosa no pasó a mayores y negociamos una donación para la posta médica del pueblo y dejando a mis amigos de rehenes y avisando que el chino Masa andaba todavía por los cerros, me fui con el enfermero de la posta en un vehículo de la comunidad y luego en transporte público a Huancayo a la oficina de Química Suiza donde yo trabajaba y hablé con el administrador para que me proporcionara las medicinas de la lista solicitada por el enfermero, me aplique el descuento de trabajador de la empresa y disculpara la pinta con la que llegué a su oficina, ya que disfrazado de cazador y encima ensangrentado, se llevó un gran susto. Por supuesto que el lunes en mi oficina todo el mundo sabía ya la historia.

Luego y como la camioneta nuestra estaba también capturada en el pueblo, conseguimos un carro de alquiler y nos volvimos a rescatar a nuestros compañeros.

Al llegar, Masa ya tenía otro venadito y se acordó con los ronderos seguir intentando por la tarde en otra zona donde y luego de un opíparo almuerzo ofrecido por nuestros nuevos amigos, José se cazó otro venado bonito y el primo de Hugo y ante la renuncia y el cansancio de Fito a subir una última cuesta para tirarle a un venado que ya estaba ubicado, este le prestó su rifle al primo, que no sabía ni disparar y volvió con el venado que liquidó de un solo tiro.

Aquí quiero recalcar que la fauna silvestre, así como los peces son recursos naturales que pertenecen, según nuestra constitución, a todos los peruanos, y para poder aprovecharlos existe una normatividad que nosotros los cazadores debemos cumplir. Existe un equivocado sentido de propiedad por parte de quienes eventualmente son los custodios de estos recursos, pero cuando uno cumple las normas, no están legalmente facultados a negárselos a nadie y menos mediante el uso de las armas. Perfectamente pudimos nosotros pensar que estábamos siendo atacados por un grupo terrorista y se armaba una desgracia en aquel apacible lugar de nuestra sierra.

Luis Gerardo Castillo

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