LUYCHUPUKIO
Luychu es venado en quechua y pukio un manantial, por lo tanto el nombre de este lugarcito maravilloso se puede traducir como “manantial de los venados” y era precisamente lo que su nombre indica, ya que lo pude comprobar en diversas visitas al lugar. Aquí llegué en compañía de Miguel Cotrina, un gran cazador, guitarrista y mejor amigo ya fallecido. A Miguel y su linda familia lo conocí cuando fui por trabajo a Huánuco y en mi primer tiempo libre, me dediqué como siempre hago, a buscar a los cazadores de la zona, y así fue como llegué a su casa. Fue cosa de poco tiempo organizar nuestra primera salida a los venados.
La primera escapada la hicimos por San Rafael, luego de acceder por un tortuoso y malo camino llegamos al pueblo e iniciamos la caminata, no sin antes disfrutar de un suculento desayuno. La verdad yo estaba desesperado por salir, pero según me explicaron, debíamos esperar que los venados se “duerman”. Fuimos con Germán (Chabán) y Vinicio, ambos hijos de Miguel, Vinicio sólo con una filmadora y Chabán con una de las Browning de Miguel. También conocí en esta ocasión a Ulises y al “Mono”. Todos excelentes y sacrificados cazadores. Fueron de la partida en esta ocasión los perros entrenados por ellos, que resultaron ser un apoyo muy efectivo. La manera de cazar en esta zona no es muy diferente a la táctica utilizada en otros lugares del Perú, consiste en que los cazadores, generalmente con escopetas, entran por las partes bajas de las quebradas o directamente a las manchas de monte batiéndolos con perros y ruidos o simplemente conversando alegremente y a la distancia y animándose o a sus canes entre ellos. Incluso, esta faena no la realizan muy temprano, ya que su interés es que los venados ya se encuentren en sus dormideros. Al levantar a los mismos, el afortunado al que le pasan más cerca tiene la opción de efectuar el tiro. Es más, para ellos el tiro con un rifle y a la distancia de 100 o más metros es algo poco deportivo y le quita la emoción a su manera de cazar.
En los primeros recorridos encontramos un buen venado que fue tiroteado muy distante por Chabán sin poderlo alcanzar, al verlos en la primera batida, yo tomé posición en una falda al frente de donde ellos se encontraban y al ver que era un buen macho, le metí a la carrera y a unos
Luego de algún tiempo fuimos a Luychupukio por primera vez, fue donde cacé con ayuda de uno de los perros de Chabán mi primer 10 puntas. Los muchachos lo levantaron y nos pasó a Miguel y a mi muy cerca, pero no me dio oportunidad de tiro ni a él tampoco. El perro lo traía desde abajo ladra y ladra, pero no lo veíamos por el tupido monte, luego cuando nos pasó cerca, yo lo vi dando saltos rápidos y con el perro por detrás, al cual sólo escuchaba, ya que los montes lo tapaban. Corrí a cortarle la salida por un faldeo y tratar de pescarlo por detrás, pero no lo volví a ver mas. Sin embargo el perro no lo dejaba ir y lo persiguió sin cansancio. Luego y poco a poco tomamos algo más de altura con Miguel y por los ladridos del perro lo encontramos nuevamente.
El venado lo tenía al frente y hacia abajo tratando de meterse a los montes y el perro no lo dejaba. Estaban en un clarito y el cachudo trataba de cornearlo y el perro le daba vueltas y si se le iba lo mordía de las patas y lo hacia volver. La distancia la calculo en algo mas de
Poco antes del día del padre, volvimos a Ambo en busca de mi gran amigo Don Miguel Cotrina, vinimos con el Coronel Gerardo y con Fito. Mario para variar no pudo ser de la partida. Llegamos al pueblo y rápidamente lo buscamos a Ulises y el “mono”, nuestros guías de la zona y organizamos la salida para la madrugada del día siguiente. El Chabán ya andaba por otros lugares trabajando. Descansamos en las cómodas camas que nos brindó Miguel y partimos a Luychupukio como a dos horas de camino en camioneta, por una trocha buena, pero maltratada por las lluvias de la reciente temporada. Luego de los avisos y solicitar los permisos correspondientes a las autoridades, viejos conocidos de cacerías e incursiones anteriores, y dar una visita al semiderruido templo colonial del lugar, lleno de adornos, cuadros y esculturas de la época, nos dispusimos a dar una vuelta en busca de los cachudos.
En primer lugar y por jornadas anteriores, entramos distribuyéndonos la zona de Luychupukio con los guías. El tema es que en la primera incursión los venados nos fueron esquivos y no vimos nada respetable en las batidas realizadas, y quedamos en salir de madrugada y hacer nuestro rececho como acostumbramos con los rifles, es decir entrar muy temprano a buscar las zonas donde los venados circulan de entrada o salida de los campos de cultivo donde era evidente su presencia por los daños. Gerardo y Fito le hicieron guardia a una zona batida el día anterior donde vimos buenos rastros y los perros corretearon algunos venados que no alcanzamos a ver, pero que por los rastros parecían de los buenos y yo, más por turistear y mi afición a la arqueología me dirigí hacia abajo de los montes, pasando por algunas chacritas de maíz, pero con intención de entrar a conocer unas ruinas en muy buen estado de conservación que existen en la zona y en efecto, mi esfuerzo fue recompensado con creces ya que las ruinas eran de lo más interesantes y su estado era excelente, parecía un pueblo de piedra abandonado, con amplias casas que conservan en su mayoría los techos de piedra abovedados y sus pequeñas callejuelas. Luego de recorrer y fotografiar ampliamente el lugar, emprendí el camino de regreso a la camioneta por un sendero que salía justamente al lugar y que eran los restos de un camino pre colombino también en muy buen estado de conservación.
A la mitad del ascenso, los perros de uno de los campesinos del lugar no dejaban de ladrar y estaba seguro que no era a mí, sin embargo no pude notar nada extraño, cuando de pronto y por un zanjito que atravesaba mi camino vi una sombra conocida en movimiento que me puso en alerta y que cruzó raudamente entre los montes. Preparé mi rifle y apunté hacia una zona algo mas alta y cuando estaba alerta para ver a mi presa y definir el lance, por el mismo lugar y de reojo pude ver a la otra sombra que venía por detrás de la primera y pude verle claramente la canasta. Estaba seguro, los perros del lugareño y sin premeditarlo, habían levantado dos venados de la chacra y tenía la suerte que me habían pasado por el frente. Vi primero pasar a la hembra y cuando estaba seguro que el macho pasaría, este demoró un poco y me descuidé, bajé el rifle y cruzó raudamente sin darme tiempo de apuntarlo bien, volviendo a desaparecer en el monte. Inmediatamente les pasé la voz por los radios a Gerardo y Fito para que les cortaran la salida ubicando a cada uno a un lado del zanjón por donde venían los venados, pero tampoco lograron verlos, por lo tanto salí hasta el camino principal y los venados sólo podían estar en un lugar, era una parcela de maíz un poco alto y que colindaba con la zanja por donde huyeron los venados la primera vez, así que llamamos a los guías y los pusimos sobre aviso de la estrategia para levantarlos y cazar a ese macho que se veía respetable.
Yo me puse en la parte alta de la chacra y al lado de la carretera, desde donde dominaba todo el lugar de la batida y a Gerardo y a Fito los puse por el lado por donde sospeché que saldrían los venados para que tuvieran mayor oportunidad de cazar. A los guías los instruí para que entraran por la zanja y luego en medio de la chacra de maíz y votaran los venados. Efectivamente, empezaron a entrar y empezó el griterío y el ladrido de los perros no cesaba, entraron en la chacra de maíz y no se les veía pero por el movimiento de las plantas sabíamos por donde saldrían, así que les grité a Fito y a Gerardo que se prepararan, primero fue Fito al que le pasó el venado a la carrera y de costado, soltando un tiro sin tocarlo, luego le tocó el turno a Gerardo que también lo falló y yo que lo tenía derechito y se me venía a los saltos, lo emparé de pecho, frenándolo en el acto. Fito alcanzó a hacer otro tiro que le dio, pero el venado ya era mío y estaba pataleando en el suelo. Hubo algo de confusión y todos reclamaron el venado, que se le asignó a Fito, pero tenía un tiro de pecho que lo atravesaba integro, posición en la que ellos jamás lo tuvieron y uno sabe cuando pega y cuando no, y el otro no era de necesidad mortal, así que lo felicitamos a Fito y asunto terminado.
El venado lo trajimos entero a Lima para mostrárselo a Mario que no nos pudo acompañar y animarlo a que sea nuestro acompañante en futuras incursiones. Mario es mi compañero de cacería con escopeta, y el único luego de la muerte de Don Lucho que me aguanta el ritmo de salir todas las semanas, pero es sólo palomero, no le gustan ni las perdices y llevarlo a los patos u otra cosa diferente es extremadamente difícil. Aunque en nuestro remate del Safari Club compró una safari y ya debutó con la mayor y en gran forma y brillante estilo, nada menos que en Sudáfrica. Y en otra ocasiòn nos fuimos a los ciervos en Chile, pero sin suerte, aunque esa es otra historia. Hoy el ocho puntas de Luychupukio está en la casa de Fito embalsamado y lo luce en su bar.
Luis Gerardo Castillo


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