…”al carbunclo le dio la fuerza de lo invisible, de lo no corpóreo, de lo ideal; le concedió como máximo tributo el que caminara de noche solamente, es decir, cuando falta la luz del Sol, como para que sirviera de reemplazo y como prueba de su devoto respeto por su culto; que ostentara sobre su lomo, un Sol en miniatura, con luz propia y que fuera su color solamente negro, para que se notara mas su refulgencia.”…
(Según relato de la Sra. Blaza Rioja, recopilado por César Toro Montalvo en su libro Mitos, Leyendas y Cuentos Maravillosos del Perú, Tomo 1, Costa.)
Me imagino que la leyenda la trajeron los europeos, ya que se conoce más o menos parecida en Chile, Argentina y por supuesto en Perú. Supuestamente el carbunclo es una gema que se extraía de la frente de los dragones y que una vez puesta al sol era una fuente luminosa y de destellos interminables, pero en nuestros países es considerado un ser mitológico, de tamaño mediano, como un perro o felino grande, que lleva la frente o los ojos iluminados como brasas encendidas y que supuestamente señala los lugares de entierros de tesoros o “tapados” y conozco a muchos que aseguran haberlo visto o que cuentan las historias de vecinos que se enriquecieron de la noche a la mañana por un encuentro con esta bestia que les indicó el lugar exacto donde encontrar los tesoros. Sin embargo siempre se le asocia también a un ser diabólico y misterioso. En muchas partes me encontré con historias de que “en ese cerro sale candela” que por ahí “se ven luces raras”, etc. Etc. Siendo yo un aficionado a la arqueología y antigüedades y en el tiempo que esta historia me sucedió un huaquero en plenas funciones, ansiaba un encuentro con el “Carbunclo” o encontrarme con esas llamaradas, el “antimonio” que deja torcidas a las personas o que incluso las mata, etc. Quiero recalcar que a pesar de haber realizado innumerables excavaciones de entierros, momias y ofrendas, muchas veces de noche, jamás de los jamases me encontré con algo que no pudiera explicar con algo de lógica y sentido común. Recalco que un encuentro de este tipo me causaría la muerte de susto ya que me considero un cobarde para todo lo sobre natural. Pero luego de este preámbulo, les paso a contar mi encuentro cara a cara con el “Carbunclo”.
Respondiendo a una invitación de un amigo del norte chico, salimos a media tarde con la finalidad de encontrar algunas vizcachitas antes de subir la cuesta para intentar con los venados de madrugada, la cosa es que luego de cazar algunas, hicimos un fueguito para prepararnos una buena cena, intentar dormir un rato y ya con la fresca empezar el ascenso de los lomos venaderos. Como siempre partía a cualquier lugar con mi sonda y mi pala pregunté si en la zona había huaca (Cementerio o templo precolombino donde se encuentran restos arqueológicos), con la finalidad de regresar en un futuro cercano a buscar alguna cosita de esas antiguas. Y empezaron las historias medio misteriosas de los huaqueros, del tesoro de Atahualpa, en fin, sin darnos cuenta pasamos a las de los aparecidos, fantasmas, almas en pena y cuanta cosa meta miedo y como no, algunas del carbunclo y las luces misteriosas que en ese mismo lugar aparecían de vez en cuando.
Luego de despacharnos la cena, era ya casi la hora de marchar, así que nos adelantamos los de a pie y dejamos a uno de los muchachos a recoger los bártulos y que subiera llevando nuestro caballo y los pertrechos. La noche era totalmente cerrada, mas aun en aquella quebrada angosta y de cerros y Apus altísimos, por lo mismo tenia mucho monte y algunas aguadas y como veníamos medio cansados y sin dormir, ya sin hablarnos entre nosotros, seguíamos al guía medio a ciegas y a los tropezones en medio de un camino sinuoso, enmontado e interminable, ya tendríamos unas dos horas de marcha cuando el guía se detiene abruptamente y nos hizo escuchar un ruido que nadie reconoció y algo adelante, pero muy cerca, una luz que alumbraba zigzagueante y al encuentro de nosotros, pero muy rápido: “El carbunclo” gritó el guía y se aventaron a ambos lados del camino los dos que iban delante de mí desapareciendo en la oscuridad inmediatamente y yo me quedé petrificado en el lugar, mi arma en ristre y sin seguro apuntándole al “carbunclo”, ya sin tiempo e inmovilizado por el miedo y en medio del camino, veo ya la luz que aproximadamente a una altura de un metro se venia directo a mi encuentro, aparecía y desaparecía entre medio del monte y el sinuoso camino, fueron unos pocos segundos desde su aparición y la estampida que causo con mis guías y cuando ya la tenia a dos metros, escucho algo así como un grito desgarrador EEEEEAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH y la luz se fue directamente hacia un lado del camino con un ruido estruendoso, menos mal que no llegué a dispararle al Carbunclo, ya que era un paisano bajando en una bicicleta y creo que se asustó mucho mas que nosotros.
El pobre dejó su carga desparramada por todos lados y tardamos más de una hora en rebuscar sus cosas, por supuesto luego de cagarnos de risa por más de 20 minutos, minutos durante los cuales el paisano no dejaba de despotricar contra nosotros, no entendía nada, el pobre venía con su traje “dominguero”, bien peinado, probablemente a una fiesta del pueblo o visitar una novia. Alguno debió cambiarse de ropa y comprobé que el miedo puede ensuciarte los pantalones y también petrifica.
Luis Gerardo Castillo

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